El algoritmo de la felicidad

Alex_en_la_selva es mi perfil de Instagram. Surgió después de colaborar en un programa de radio en el que comentaba lo último que había visto: películas, documentales, series… Una amiga mía, que me escuchaba con cariño, cuando terminó el programa, me recomendó que siguiera haciéndolo en Instagram, y le hice caso.

Al repertorio, le fui añadiendo algún post sobre anuncios, música… y cosas mías. No tengo muchos seguidores, pero los que tengo son fieles, y a mí me gusta medirlo todo por su calidad y no por su cantidad. Aunque he de confesar que aspiro a que el número aumente… lo admito, peco de vanidosa. Me encantaría tener más, aunque lógicamente, es una aspiración un poco fantasiosa, porque en fin…¿quién soy yo?. De esta pregunta y de esta ambición, e inevitablemente, de esta contradicción, nace este blog con dos objetivos. El primero: que te entretengas un rato conmigo, y el segundo…: doblegar al algoritmo.

El algoritmo es una palabra relativamente nueva en mi vocabulario. A mi edad, y encima con mi ‘ceguera del tiempo’ —sobre esto me tendrás que leer en Instagram— haberla descubierto hace unos años, para mí, no deja de ser una novedad. El caso es que el algoritmo es una tiranía, una tiranía nada humana. El algoritmo es un modelo matemático que un número reducido de humanos es capaz de programar, y que una vez programado va a su bola… Recolecta información sobre ti, pero no toda, por eso no atina, y tiene que mejorarse, cada vez más, como espía. Y con la información que le vas regalando: tus “me gusta”, tus “gugleados”, tus mensajes, comentarios, tiempo, etc. decide ofrecerte lo que él considera que es lo que tú quieres. Sin tener en cuenta lo del dicho popular “en la variedad está el gusto”.

También favorece el contenido que le gusta a mucha gente, popularizando lo popular, como si por eso fuera valioso, y escondiendo lo inédito, aunque lo fuera. Descubrir algo nuevo es difícil, con lo que nos gusta a los humanos descubrir cosas nuevas… El algoritmo no cuenta, y hasta suprime, nuestro instinto explorador. “Personaliza tu experiencia” sirviéndote más de lo mismo, porque así cree, que te mantendrá enganchado. 

Yo como no tengo una personalidad adictiva, y sí, mucho espíritu aventurero, aborrezco el algoritmo. Y por eso he pensado, que un blog, al que te puedes apuntar para recibir emails con mis entradas, es una forma de vencerlo. Espero no pasar desapercibida entre tus correos, y de momento, creo, no existe un algoritmo, que en el buzón de entrada te ordene los emails según considere su importancia. Escribir esto me asusta… es como mentar al diablo… por favor que no se invente el algoritmo del email… (ruego en silencio).

Ahora viene la parte del entretenimiento… primer objetivo de este blog, aunque el último por hoy.

Resulta que, buscando entender la matemática del algoritmo, he encontrado (por supuesto gugleando) que, ahora, a la fórmula de la felicidad también se le llama el algoritmo de la felicidad —independientemente de que alguien la haya encontrado o no—, y que se ha popularizado esta terminología gracias a un exejecutivo de Google, Mo Gawdat, que utilizó el término como metáfora, para describir su ecuación, que es esta: Felicidad = Realidad – Expectativas. O sea: Felicidad = Tu percepción de los eventos de la vida – Tus expectativas de cómo debería ser la vida. 

Yo no creo en esta fórmula, creo que la felicidad, para empezar, está en las expectativas. En eso soy Punsetiana.

Eduard Punset, que en paz descanse, mencionaba que la felicidad no está tanto en lo que conseguimos o experimentamos, sino en lo que esperamos conseguir. Para explicar su teoría, Punset realizó un experimento con su perro. Observó que su perro, al verlo cuando se acercaba con la comida, experimentaba una gran alegría, pero que esa felicidad estaba ligada al momento de la expectativa, antes de que recibiera la comida. En cuanto el perro comía, la sensación de placer disminuía rápidamente. Lo mismo nos pasa a nosotros: la anticipación de un evento genera más felicidad que el evento en sí.

Punset sostenía que el cerebro humano está diseñado para buscar recompensas, y muchas veces la verdadera felicidad se encuentra en el camino hacia esas recompensas, en las expectativas que generamos en el proceso. Una vez obtenida la recompensa, la satisfacción se desvanece con rapidez, lo que nos lleva a buscar nuevas metas o nuevos deseos. Y esto, es básicamente lo contrario a lo que dice Gawdat y a lo que te ofrece el algoritmo de las plataformas, y de las redes sociales. 

Ya lo dijo Calderón de la Barca en 1635: “La vida es sueño”. Pues eso, no hay fórmulas sino sueños. 

Saludos muy cordiales y ¡dulces sueños!

Alex