De pequeña, tuve una Mariquita Pérez, una muñeca, aunque yo prefería hacer puzzles y montar las maquetas de coches que le regalaban a mi hermano. Mi Mariquita era morena de pelo largo —creo que se podía encargar para que se pareciera a ti— y tenía un armario con varios conjuntos. En concreto, recuerdo que tenía dos vestidos iguales a los míos. Uno, de terciopelo negro, largo, bohemio, con las mangas anchas, el cuerpo ceñido y la falda evasé. El estampado era un patchwork con flores pequeñitas, rosas, moradas, azules, y dibujos geométricos a juego; era muy bonito. El otro era la versión de verano. De algodón, verde esmeralda, con un estampado Paisley, muy hippie. Creo que la moda de ir de hippie se mantuvo en España durante décadas, gracias a la Duquesa de Alba. Igual no, pero la duquesa sin duda fue líder en el boho-chic. A mi madre la duquesa le caía muy bien. ‘Me encanta. Hace siempre lo que le da la gana’, decía de ella.
Una vez, en verano, mi madre me hizo unas fotos con mi vestido verde puesto, y mi tía, que estaba con nosotras, me preguntó que qué quería ser de mayor. En vez de decir: científica o bailarina, que es lo que yo quería ser de pequeña, contesté que hippie. Supongo que porque asocié mis vestidos a los de la duquesa boho-chic y que ir con ese look significaba que cuando fuera mayor yo también haría lo que me diera la gana. Esto de hacer lo que yo quiera es otro de mis temas recurrentes. Supongo que mi verdadera vocación es ser libre. La sorpresa fue la cara que puso mi tía. ‘¡Alejandra! ¡No se puede ser hippie!’, exclamó con horror. Mi madre no le dio mucha importancia al desasosiego de mi tía, pero sí que me explicó que los hippies eran jóvenes soñadores, poco realistas, que habían acabado muy mal, que la moda era bonita, pero que su modo de vida no. Y siguió poniendo en el tocadiscos el *LP de la banda sonora de la película Hair como si nada.
Sonó durante mucho tiempo —muchísimo—, hasta que aprendí inglés, vi la película, y pude entender la letra, que dice así:
When the moon is in the Seventh House
Cuando la luna esté en la Séptima Casa
And Jupiter aligns with Mars
Y Júpiter se alinee con Marte
Then peace will guide the planets
Entonces la paz guiará a los planetas
And love will steer the stars
Y el amor conducirá a las estrellas.
This is the downing of the Age of Aquarius
Este es el amanecer de la Era de Acuario,
The Age of Aquarius
La Era de Acuario,
Aquarius! Aquarius!
¡Acuario! ¡Acuario!
Sigue, pero me ahorro copiarla entera.
Hace pocos días ha habido una alineación planetaria, que solo ocurre, más o menos, cada quinientos años, y ha coincidido con el cambio de estación de invierno a primavera, y con el bochornoso, vergonzoso, indigno espectáculo protagonizado por Trump contra su homólogo, el presidente Zelenskyy. ¿Será todo esto la señal que indica que hemos cambiado de era?
Lo de la ‘Era de Acuario’ se puso de moda con el movimiento hippie, que efectivamente, debido a las drogas y la promiscuidad, derivó en una degradación. A mi tía no le faltaba razón. ‘Acuario’, el signo de aire (no de agua) representa innovación, progreso, espiritualidad… Y, resulta que la Era de Piscis, que era la del mes pasado (omito lo que representa) ya era la segunda Era de Piscis del Homo Sapiens; la que la precedió fue la Era de Aries; la anterior a esa, fue la de Tauro; y antes, la de Géminis… Y así, le hemos dado ya una vuelta y media (o más) al ciclo planetario. Que, más que un ciclo, habría que visualizar como si fuera una espiral. No hay repetición, no hay patrones, solo evolución.
En realidad, lo de las eras es un símbolo, una narrativa. No existe ninguna evidencia científica que demuestre que el movimiento planetario tenga alguna influencia real en nuestro comportamiento. La astrología, el zodíaco, las predicciones funcionan, pero como un cuento. Creo en su utilidad. Gracias a los sueños y a los cuentos vamos evolucionando, en espiral.
Algunos piensan que los movimientos sociales funcionan como un péndulo; ciclos de avance y retroceso, conservadurismo y progresismo, expansión, recesión… Es una tendencia que me parece muy humana, porque parece que siempre queremos volver a un origen, a un lugar, o a un primer amor. Y eso es un imposible. Nunca se puede volver; al menos no del todo. Por eso yo creo en la espiral; el pasado vuelve, pero en forma de memoria, de cuento, de idea, y cuanto más queremos volver a él, más nos alejamos de su centro, porque nosotros ya no somos los mismos. El tiempo y las experiencias nos han cambiado.
El tiempo, además, tampoco es una flecha con su velocidad continua y su dirección lineal. Me remito a películas como Inception, Interstellar, Tenet, por ejemplo, para explicar conceptos sobre el tiempo como un espacio, lleno de superposiciones y de paradojas. Por eso yo creo que los ciclos no son bipolares; me los imagino más como una espiral de ADN, con múltiples cadenas, girando todas y cada una a su ritmo.
La nueva Era de Acuario vuelve en forma de relato y se encuentra con un presente que gira y vive en una realidad fragmentada; a un mundo que a pesar de estar híper-conectado, como jamás lo ha estado, paradójicamente parece que sucede en realidades diferentes, incluso en siglos diferentes.
Esta semana hemos escuchado repetidamente ‘tercera guerra mundial’, ‘nuevo orden mundial’, ‘futuro impredecible’. A lo mejor no estamos en una espiral, estamos como en el péndulo de Foucault, en un movimiento caótico y efectivamente impredecible.
Dicen que los cambios suelen traer consigo rupturas y caos, que son señales de que algo empieza y algo termina. Veremos.
Alex
P.D- En la foto, que tiene unos cuantos años, salgo con un vestidito lencero que me compré porque el estampado verde me recordaba al del vestido hippie de mi Mariquita Pérez. Estoy sentada sobre el maletero de un coche y quiero que sonara: Aquarius! Aquarius!
*Por si me lee gente muy joven: Un LP era un long play, un disco de vinilo negro que giraba sobre la pletina de un tocadiscos. El tocadiscos tenía un brazo, que tenía al final una especie de cepillo, pero sin pelo ni cerdas, con una aguja. La aguja traducía lo grabado encima del vinilo al altavoz.
