Cándido, mi ángel de la guarda

‘Estos hoyitos que tienes en la carita, te los puso tu ángel cuando naciste’ solía decirme mi abuela colocando delicadamente sus dedos, anular y pulgar, sobre los hoyuelos de mis mejillas. Este tipo de cosas son las que te repiten las abuelas cuando les preguntas por qué un ángel decide bajar del cielo y tocarte la cara. Entonces, te explica que porque a las niñas guapas los angelitos del cielo les dejan esa marca para que todo el mundo lo vea. Y hasta los, por lo menos, los seis años, vas y se lo cuentas a todo el que te dice que eres muy simpática con esos hoyuelitos. ‘¡Me los puso mi ángel de la guarda!’. 

A mi abuela Elena le gustaban mucho los ángeles y me contaba muchas cosas sobre ellos. Que si jugaban a los bolos cuando había tormenta, que si cuidaban de los niños noche y día, que si se perdía algo te lo buscaban. En esto de buscar cosas extraviadas también funcionaba lo de atarle los cojones a San Cucufato, pero ya cumplida la primera comunión. Y además de muchos tangos de Gardel, también ponía bastante a menudo la canción Angelitos negros de Machín en el tocadiscos de casa. Mi abuela, que era muy viajada y sofisticada, era la única mujer que yo conocía que había estado en África y no solo eso, había visto nadar a los africanos ¡con tiburones! Sin ser devorados, ‘porque en el cielo hay un ángel para cada uno’. El mío se llama Cándido.

A Cándido le he pedido de todo, y me ha salvado de alguna buena. Sin su protección, no sé cómo podría haber sobrevivido hasta hoy. Una vez, se cayó una botella de litro y medio, de Coca-Cola, de cristal y llena, desde un balcón a mi hombro; Cándido hizo que mi cabeza la esquivara. Otras muchas veces, me dio alas, porque me divertía correr y saltar por encima de los tejados de teja vieja de Andalucía —hoy, a esto lo llaman hacer Parkour— creyéndome una aristogata. Ya no tiene que estar tan pendiente de este tipo de cosas, con la edad, me he vuelto muy miedosa.

Hace unos años, un amigo mío me compartió un secreto que mi abuela nunca me contó. ‘A tu ángel de la guarda le puedes pedir que hable con el ángel de la guarda de otra persona, ¿sabes?’ ¡Qué gran revelación! Cándido, que estaba tan tranquilo, ahora le tengo de correveidile todo el día.

Así que ya sabes, si aparece mi nombre ‘out-of-the-blue’ (como de casualidad), es porque tu ángel y el mío han estado de cháchara.

Cándido es optimista. Ve en una crisis una oportunidad. Antes de acostarme me recuerda lo de Scarlett O’Hara: ‘ya lo pensaré mañana’, y lo de: ‘esto pasará’, cuando no: ‘cultiva tu jardín’. Tiene la mirada templada y lleva un abrigo gris muy elegante como el de los ángeles del cielo de Berlín. Sus alas prístinas son grandes, cómodas como nubes; me abrazan cuando estoy triste y me hacen volar en clase de Jazz. Es muy curioso y no le tiene miedo a nada. Me hace mucha gracia, aquí sentado al lado mío, leyendo lo que escribo. Creo que hasta se ha emocionado.

Diréis que todo esto me lo he inventado. Pues sabed, que no solo he visto a Cándido en acción, también he visto otro ángel de la guarda, el de mi hijo Gustavo. 

Estábamos en el aeropuerto, y Gus llevaba en su manita, todavía sin nudillos, de bebé, su baraja de cartas Magic, cuando una de ellas se le cayó. No era una carta cualquiera era Phage la Intocable, un tesoro. Buscamos a nuestro alrededor, pero la carta se había esfumado. ‘Lo siento Gus, tenemos que irnos o perdemos el avión’. En silencio, con la pena de dejar atrás algo preciado que no volverás a ver, nos subimos a la cinta caminadora, y de pronto, oímos: ‘Toma’. Era la voz de una mujer acercándole la carta a Gus como una prestidigitadora. Miramos la carta y la mano. Nos giramos, levantando la cabeza buscando la cara de la maga, para agradecérselo, pero la chica había desaparecido. No había nadie detrás nuestro. Nadie.

‘Ha sido tu ángel de la guarda’, le dije. Y descubrimos que también hay angelitas de la guarda.

Alex

P.D. – Gus, Gustavo St. Clair, ha producido, dirigido y escrito un cortometraje que se titula Close your eyes y habla de la magia que existe aunque no la veas. Es una pequeña gran joya. 

Os dejo aquí el trailer:

N.B. – La foto que ilustra el post es de la película EL CIELO SOBRE BERLÍN (DER HIMMEL ÜBER BERLIN) de Wim Wenders