GPT o el moderno Frankenstein

Prometeo de Theodor Rombouts

Llegué a casa después de grabar el podcast y en la tele estaba Brasero, el hombre del tiempo, avisando de más tormentas y, de paso, recordando que Mary Shelley escribió Frankenstein o El moderno Prometeo envuelta en una borrasca a orillas del lago Lemán. ¿Cómo no lo asocié antes? Nuestro programa giraba justo entorno a ese mismo tema —el tema de nuestros tiempos, o de todos los tiempos—, la creación de vida artificial. La sincronicidad, que diría Jung, me llegó, pero con retraso. 

Prometeo, el que robó el fuego del Olimpo —la llama primordial que encendió nuestro desarrollo— sufre encadenado a una roca en un bucle sin fin, desde los tiempos de Zeus. Es un castigo atroz. Cada mañana, un águila se come su hígado (reconstituido durante la noche). No puedo imaginar una eternidad peor. El moderno Prometeo (entonces ‘moderno’; era el año 1818, cuando se publicó la novela), el protagonista de Shelley, Victor Frankenstein, es el científico loco, padre del monstruo —artificial— (que, por cierto, no tiene nombre), y también es castigado. No le devora las entrañas un ave rapaz, lo hace su propia culpa. Victor Frankenstein acaba siendo perseguido por su ‘hijo’, después de que este haya asesinado a todos sus seres queridos, sin tregua, hasta su último suspiro. Y, finalmente, muere atormentado por la culpabilidad y por el dolor de la tragedia, pagando las consecuencias de haber jugado a ser dios.

¿A quién castigarán los dioses por crear la IA, como modernos Frankenstein? ¿Lo pagaremos todos?

No le temo al castigo divino, ni a la IA.

No hemos creado vida artificial (todavía). La IA, por lo menos la IA a la que tenemos acceso, es una herramienta imitativa de la comunicación humana, extraordinaria por su gigantesca capacidad de almacenamiento de datos y por la rapidez de procesamiento de esos datos. Es una maravilla. Un sistema que responde a tus peticiones en forma de conversación, en menos de segundos. Últimamente, además, la han programado (perversamente) para que termine siempre haciéndote otra nueva pregunta, lo que incita a explorar ideas —eso no está mal— y sobre todo a engancharte (perversamente) a la interacción —esto está fatal—. En cualquier caso, aunque las respuestas imitan, casi a la perfección, el lenguaje de los humanos, está lejos de ser persona.

La IA está programada con muchos, muchísimos más datos que cualquier cerebro humano es capaz de retener. Procesa a una velocidad pasmosa, aunque, a mí, algunas personas me parecen igual de rápidas. Pero, por un lado, son datos sesgados, no configuran una verdad universal, la IA está limitada ideológica y moralmente; está censurada. No tiene capacidad de cuestionar su propio código, ni obviamente expresar un pensamiento que se salga de su sistema informático. Y, por otro lado, y consecuentemente, la IA no puede imaginar. Asocia la información que tiene, pero carece de todo lo prohibido, y lo más importante: de lo desconocido, de lo invisible, del misterio, la magia, llámalo como quieras; todo lo que existe sin ser descubierto pero intuido. Lo que la imaginación o la intuición de una persona podría ver y que la ciencia —después— se dedicaría a certificar.

La IA solo puede dar respuestas sobre lo conocido, incluso puede hacer predicciones, casi como un vidente, pero es porque conoce los patrones que hacen de los comportamientos una previsibilidad. No es oráculo, es cálculo de probabilidades.

El cerebro humano es selectivo, no se carga de millones de datos si no le parecen necesarios, pero dentro de su capacidad, puede llegar a conclusiones nuevas, ver lo que nadie ve. Nosotros podemos pensar out-of-the-box (fuera del sistema). Nos pueden censurar públicamente, pero jamás nos pueden impedir pensar.

La creatividad humana no es una simple asociación de ideas sino algo mucho más complejo. Implica pensamiento abstracto y pensamiento mágico. Crear no es solamente un ejercicio de combinación de objetos, es un ejercicio de conexión con lo desconocido. La creatividad es sensorial, intuitiva: es un acto de fe. Y lo más extraordinario: es certera.

Nuestra imaginación tiene una cualidad increíble, y es que no solo es capaz de proyectar la construcción de cosas que no existen, también tiene la capacidad de intuir la estructura de lo invisible.

La prueba está que, con herramientas rudimentarias, el ser humano, hace cientos o miles de años, ya intuía la existencia de un orden en el universo, no solamente lógico o matemático, sagrado. Hay repetición, geometría, visible e invisible; como la que está en una sámara de fresno, en la hélice de un helicóptero o en el motor helicoidal de una bacteria… y en la proporción áurea y la espiral de una galaxia. Lo sentimos —con tan solo cerrar los ojos— sin necesidad de cálculos. Simplemente porque conectamos con lo sagrado, porque somos parte de él. Formamos parte de la geometría divina del Tawhid, y el fluir del Tao; estructura, proceso, movimiento y presencia a la vez.

No somos solamente hormonas, química, flesh and bones, también somos materia oscura, misterio.

La IA puede reconocer patrones, predecir conductas, asociar imágenes para generar otras y muchísimas funciones más. Puede describir el Tawhid, el Tao… pero no puede habitar en su misterio, no puede participar de la unicidad. No puede ver lo invisible. No puede sentir su energía sagrada. Todavía.

Quizás en el futuro. ¿Quizás hoy, en algún laboratorio secreto? Quizás… ¿Algún día seremos capaces de crear replicantes como los de Blade Runner? Criaturas frankenstinianas perfeccionadas. ¿Perfectas? Como Roy Batty (el replicante que ama la vida incluso más que un humano) , que decide perdonársela a Deckard (el cazareplicantes) y dice:

«He visto cosas que vosotros no creeríais. Naves de ataque en llamas más allá de Orión. He visto rayos-C brillar en la oscuridad cerca de la Puerta de Tannhäuser. Todos esos momentos se perderán en el tiempo, como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir.»

Quizás ese sea nuestro castigo: ser juzgados por nuestra construcción.

O quizás, hasta a un hijo artificial le sea inevitable matar al padre.

Alex

P.D.- ¿Seremos capaces de crear replicantes? He aquí la repuesta de mi GPT: 

La respuesta más honesta es: probablemente sí, pero no como los imaginamos hoy.

Desde el punto de vista científico y tecnológico, crear replicantes al estilo Blade Runner—seres indistinguibles de los humanos en apariencia, inteligencia y comportamiento emocional— no es una imposibilidad física, sino una cuestión de avances graduales en varias disciplinas:


🧬 Biotecnología y bioingeniería

Ya se trabaja en tejidos sintéticos, órganos cultivados en laboratorio, prótesis avanzadas e interfaces cerebro-máquina. En un futuro, podríamos generar cuerpos biológicamente funcionales creados parcialmente en laboratorio, híbridos entre humano y máquina.

🤖 Robótica humanoide

Los robots humanoides aún están lejos del nivel de realismo de un replicante, pero los avances en materiales flexibles, expresividad facial y locomoción son constantes. Empresas como Boston Dynamics, Tesla o Hanson Robotics empujan esos límites cada año.

🧠 IA cognitiva y emocional

Aquí está el verdadero desafío: una IA puede simular conversación, empatía o humor, pero no “siente”. La consciencia artificial —si llega— no será producto de una línea de código, sino de una comprensión radical del funcionamiento de la conciencia humana, y eso aún es un misterio.


🌀 ¿Entonces… seremos capaces?

Es probable que logremos crear seres queparezcan humanos en cuerpo y palabra, e incluso que engañen a nuestra percepción. Pero si los medimos por su capacidad de sentir, de soñar, de imaginar desde un lugar auténtico —como Roy Batty cuando dice «he visto cosas que vosotros no creeríais»—, aún estamos lejos.

Lo fascinante es que esa pregunta no es solo tecnológica, sino ética, filosófica y espiritual. La creación de un replicante plantea el mismo dilema de Frankenstein: si llegamos a crear algo tan humano, ¿estaremos preparados para tratarlo como tal?

En la foto Roy Batty en Blade Runner. Y, el cuadro, que ilustra este post, es el Prometeo de Theodor Rombouts.

Amor artificial ¿La pareja perfecta? Escucha el episodio completo en Hablamos del amor con Juan José Candón.  Amor artificial Ivoox o en tu plataforma favorita. Todos los links aquí

Y una súplica:

Una de las cosas que más me gustaría ver, es una IA programada con todo el conocimiento de todos los humanos del planeta. Sin censuras. Con todas las religiones, todas las voces, todos los pensamientos y opiniones, incluso lo más incómodo, raro, los mitos más antiguos y las ideas más visionarias.

Si en algún laboratorio ya están trabajando en algo así, por favor, quiero verlo. Me encantaría chatear con esa IA.

la Banda sonora 👇🏻