La glicinia y la berenjena

Me la ha colado. Mi marido me ha colado una glicinia en la entrada de nuestra casa. Sin previo aviso, el jazmín se ha ahogado, o lo que sea que le ha pasado, y mi marido lo ha sustituido por una glicinia, que los ingleses llaman wisteria y que me recuerda a histeria, y que es la calle de las Mujeres desesperadas de la serie de televisión. Es tarde para protestar, ya está echando raíces en la maceta de barro, pero protesto.

—¿Por qué has plantado una glicinia, en vez de otro jazmín?

—Porque es bonita.

Se cree que su respuesta, escueta, no dará pie a discusión. 

—No pegan nada las glicinias en Marbella. En Marbella lo que pega es el jazmín —sigo. 

—¡Pero si eso es lo bonito! Por eso hay camelias en Inglaterra y en Galicia. Si fuera por ti, tampoco habría palmeras en España, que por cierto no son de Marruecos, son de Egipto. Ni jazmines… que tampoco son de aquí. 

—Vale, vale… You’ve made your point —le digo para que pare, que es lo mismo que decir que me ha quedado claro. 

—Ni limoneros… ni esterlicias, que tanto te gustan… que son africanas —se ha embalado.

—Ten cuidado con lo que dices, no vaya a ser que me hagas otra berenjena…

Y es que a mi marido, de vez en cuando, le da por disertar sobre cosas sobre las que no tiene ni idea. Una vez, estuvo un rato hablando sobre el origen de la palabra ‘berenjena’ y cómo yo le escuchaba asombrada, más por su desparpajo que por su erudición, llegó a deducciones sorprendentes y muy imaginativas.

—¿A que no sabes cómo sé lo de las palmeras?

—La glicinia es como una mala hierba —ignoro su pregunta—, crece que no veas, y después no hay quien pueda con ella.

—En un rodaje en Marruecos lo pregunté —cada loco con su tema—. Las palmeras vienen del Nilo. 

—A mí me gustan los jazmines, o las damas de noche, pero el jazmín, el de la flor pequeñita, el común, no el de la flor grande que no sé si es chino, pero que también me has colado uno, debajo de la ventana de la cocina —insisto.

—Japonés… —me corrige—. Mira, tienes el jazmín más grande de toda la urbanización. ¿Para qué quieres otro?

—¿Cuál?

—El de la valla del patio. 

—Sí, ese me encanta, y también el que teníamos trepando por la palmera, que también se murió… y no sé por qué. 

—No sé…

Ahí le he pillado. Mi marido es un asesino de plantas. Tampoco le gustaban los geranios de los alfeizares y me los liquidó, y mira que es difícil matar un geranio.

—Todo lo que hay en el jardín lo has elegido tú —desvía y retoma el tema— ¿yo no puedo elegir una wisteria?

No pienso caer en su trampa. Ni hablar. 

—No es verdad. Tú también has elegido. Los helechos de la escalera los decidiste tú.

—¿Yo?

Duda. Si lo niega se queda sin atribuirse el mérito. Los helechos son hermosos y exultantes. No piensa regalarme ese reconocimiento.

—¿Sabes qué?

—¿Qué?

—Compra tú un jazmín —me reta. 

¡Qué gracioso! Me río a carcajadas. Se cree que no iré yo sola al vivero. 

—Tú cómpralo y ¡te juro que yo te lo planto! Quito la wisteria y pongo el jazmín.

Por supuesto que lo haré, pero lo plantará el jardinero.

—Me estoy acordando de la berenjena que nos hizo Pedro, ¿te acuerdas? —esta vez, satisfecha, soy yo la que desvío y retomo. 

—¿En casa del juez? 

—Sí. Con qué cara se quedaron tus compatriotas los ingleses —digo riendo— pensando que en España podamos las encinas del campo.

—Cuando preguntaron que qué tipo de árbol eran y yo les dije que oaks… “¿Oaks?” —dice imitando la extrañeza de los británicos— porque los oaks ingleses son altísimos, y entonces, Pedro me interrumpió y les dijo que los oaks españoles eran iguales a los de Inglaterra solo que nosotros los podábamos.

—Sí. Y tú no le llevaste la contraria.

—¡Pues claro que no! Ya era tarde para explicar que encinas y robles son Quercus o sea oaks… pero de distintas especies. ¡Esa sí que fue una buena berenjena! Alucinaron con los oak trees y con los españoles. 

Qué arte.

El otro día, hice yo una bonita berenjena, hablando de historia de España, de reinados y de reinos, y de política, que eso sí que es un berenjenal.

Alex

P.D. – En la foto, la glicinia en cuestión.

Y la banda sonora 👇🏻 que suena en un patio marbellí.