‘He conseguido hacer siempre lo que me da la gana y que todos me lo permitan’, me dijo una vez Alberto Vázquez-Figueroa durante un almuerzo.
—¿Y cómo lo consigues? —le pregunté yo asombrada.
—Fácil. He conseguido que la gente diga: “eso son cosas de Alberto”.
Alberto Vázquez-Figueroa, el escritor, aventurero que no puede comer nada que lleve ajo ni cebolla porque una vez le mordió un murciélago en no sé qué jungla perdida y si a algún cocinero se le pasa la advertencia en un despiste lo puede mandar al hospital desangrado —ya sabéis de dónde le vienen las fobias a los vampiros—, me contó cuál era su llave de la libertad.
Alberto realmente es un señor maravilloso y un brillante inventor; es osado, pero educadísimo, culto, simpático, coqueto y muy guapo. Y también un mujeriego, un poco vanidoso (como todos los mujeriegos)… pero esto último son ‘cosas de Alberto’.
También fueron cosas de Olivia Valère —que en paz descanse— vivir con dos maridos a la vez. ¡Qué crack! Y de mi amigo Luis, que es un abogado que no le coge nunca el teléfono a sus clientes; devuelve la llamada cuando quiere, si acaso quiere. O de mi amiga Lucía, que es una fantasiosa que reinterpreta la realidad según se la imagina y, como suele ser mejor que la verdad, se le permite la trola. Podría seguir con las anécdotas, porque a mí (pero no a todo el mundo) me divierten mucho las personas que saben romper las reglas, pero mejor lo dejo para otro momento. Lo que me interesa hoy es comprender cómo consiguen hacer lo que les da la real gana. Y no me parece que sea tan fácil como dijo Alberto.
Pasar de que se opine de ti que eres un jeta, un borde, un traidor, un inconsistente, un manipulador, un mentiroso… etc… a que se diga: ‘ya sabes, son cosas de fulanito’, tiene mucho mérito y es todo un reto. Y, como sucede con la cura de la mordedura del murciélago-vampiro, yo creo que es una cuestión de antídotos.
- El poli-amoroso tiene que saber amar por duplicado (o triplicado, o…).
- El mentiroso ha de ser un hábil narrador para contar muy buenas historias y, sobre todo, inventarse solamente las suyas.
- El abogado evitativo no se puede permitir perder ni un solo juicio.
Y así con todo… Si no eres capaz de compensar las ofensas, no cometas las infracciones, porque te juegas el perdón. Aunque el rencor es pecado; con un poco de suerte, puede que te perdonen, pero eso no garantiza la reconciliación y no impide que te aparten para siempre.
La diferencia entre ser insoportable y ser inolvidable está en el contrapunto. Así que no, no te hagas ilusiones, para ser, llámalo: libre, o un poco excéntrico y hacer lo que te venga en gana sin ser repudiado, hay que tener mucho talento, constancia y conciencia sobre uno mismo, mirar con objetividad a lo que uno es de verdad. Esto de ser ‘auténtico’ no es para vagos.
La cuestión no está tanto en el pecado, sino en la virtud. Hay una facilidad —casi inevitable— al abandono frente a la lujuria; lo de la gula es prácticamente un estado natural; a veces la venganza funciona como una especie de justicia poética… y la ira, ese desahogo incontrolable tan difícil de dominar… Pecar está tirado. Por eso, el esfuerzo uno lo tiene que poner en la virtud, que es lo difícil. No basta con decir ‘yo soy así’, porque no se trata de ser de una manera u otra, se trata de estar a la altura de tus defectos. Para ser el antídoto de tus ‘cosas’, has de ser bastante genial (y no solo creértelo).
Todo el mundo tiene sus cosas… y sus virtudes. Pero muy pocos son golfos y maestros a la vez.
Alex
P.D.- La foto es de un trocito del fresco de Rafael en el Vaticano, con La Prudencia mirándose al espejo.
Y la banda sonora 👇🏻
