Septiembre es uno de mis meses favoritos, compite con mayo contra el que nunca gana, pero da lo mismo porque cuando llega septiembre, mayo pertenece a la memoria, es agenda cumplida, no es primavera ni futuro de verano todavía, está aparcado y por eso, septiembre puede colarse, subirse al pódium sin que mayo se entere. En septiembre hay energía, vuelta, reencuentro, mariposas en el estómago, y todo te queda bien, porque todavía estás con el moreno en la piel y los looks de primavera te quedan mil veces mejor. Septiembre está cansado de descanso, hambriento de desafíos, es una puerta a las oportunidades, un camino que te lleva hacia las nuevas decisiones. Sí, aquí quería llegar yo, a las decisiones, porque me he enterado que últimamente se está cuestionando la teoría cuántica del multiverso, que tiene tanto que ver con las decisiones. La teoría de Everett, en la que yo he vivido instalada plácidamente durante años simplificándola a mi manera, hasta reducirla a mi propio mantra: «pase lo que pase, yo vivo en la mejor de mis realidades posibles».
Hugh Everett, el físico americano, en 1957 propuso —de la mecánica cuántica— la idea de los ‘muchos mundos’ al observar que partículas como electrones, fotones, átomos… podían estar en varios lugares al mismo tiempo y que, además, cambiaban cuando eran observados; que al ser vistos, elegían un resultado diferente cada uno en un universo diferente. O sea que con cada decisión nace una nueva realidad y que tú existes en todas, pero que en cada una de esas realidades tú solo experimentas la tuya. Y, el universo sería una superposición de realidades posibles coexistiendo todas a la vez, hasta que (y esto es mío) la decisión equivocada te precipita hacia el final, extinguiendo esa posibilidad, mientras que la decisión acertada (la que yo experimento) posibilita tu supervivencia; sigo existiendo, luego la realidad en la que estoy, por fuerza, es la mejor (de ahí mi mantra). Como soy una ignorante, me perdonaréis que me atribuya esta última deducción, que no he comprobado si algún científico ya había hecho suya, pero estoy segura que alguien esto lo habrá teorizado antes y mejor.
El caso es que lo que yo me creía, parece que no es así. Cosa que me recuerda que nunca jamás has de creer en absolutos, todo, absolutamente todo es, si no cuestionable, mutante.
El multiverso, tal y como lo imaginamos, como muchos mundos separados en los que suceden cosas diferentes —aunque yo me lo imagino más bien como mundos fantasmas— sería uno único, en el que todo coexiste simultáneamente, sin separación. Como si cada decisión creara una opción que funciona como un instrumento musical que toca una única banda sonora dentro de la misma orquesta. La realidad como sinfonía, ¿a qué sonará?
Si es así, mis otras realidades no es que vayan hacia el cul-de-sac terminal. Viven, conviven, espero que no trágicamente, y cada una influenciada la una por la otra, ya que el multiverso sería como una melodía, un espacio de espejos y proyecciones, un océano con olas sincronizándose y ajustándose las unas a las otras. Lo que me ha llevado a recordar el versículo de Juan 1:1 : “En el principio era el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios”, y que yo asocio a la idea hinduista de que el universo comienza con el Om, el sonido primordial que contiene todos los demás. ¿Sonamos todos simplemente a Om? ¿Como cuando todos los colores se juntan y dan negro, y todas las luces se juntan y dan blanco?
¿Es bonito? Me imagino a la gran papilla gravitacional y me pregunto si tiene rumbo o si va a la deriva. Y, ¿a quién le importa?
Y supongo que también es liberador. Aunque yo soy más pro individualista que a favor de las masas, de las que desconfío, porque es fácil que resulten en monstruo, sin conciencia ni responsabilidad. Es una libertad sospechosa.
Es un dilema, porque creo en la unicidad de Dios, pero no en la voluntad (desordenada, amoral) de la masa. A lo mejor es porque no conozco las leyes del orden cuántico. ¿Y la moral? Me gusta la idea de pertenecer a un todo, pero me horroriza que ese todo puede que no siga unas leyes, ni tenga conciencia ni del bien ni del mal.
Llegada al horror, al miedo, recurro a la comedia. Me divierte que la ciencia cada vez esté más alineada con la mística. Me imagino la sorpresa del escéptico, por eso me río. Es un alivio.
Puede que las malas decisiones convivan con las buenas, y esto no quiere decir que su temporalidad dure lo mismo. Digamos que habría una especie de selección natural de posibilidades, formando una melodía compuesta por notas afinadas. No es incompatible una teoría con la otra. Es un (otro) consuelo.
Pronto me pondré unas botas, volveré a las clases de jazz, se me irá el moreno, se me pondrá la piel láctea como la galaxia que es multicolor y preciosa, tomaré buenas decisiones, volveré a las anécdotas que son más fáciles que la deriva de las ideas.
¿Dónde nos llevará septiembre?
Alex
P.D. – La foto es de un atardecer un poco brumoso y abandonado.
La banda sonora 👇🏻
