Tallboy

Me encantan los armarios, y las cómodas muy muy altas que los ingleses llaman Tallboys. Yo creo que es culpa de La bella y la bestia, que leí de pequeña, la versión de Jeanne-Marie Leprince de Beaumont incluida en alguna recopilación de cuentos de hadas europeos, junto con los de Charles Perrault, Hans Christian Andersen y los de los hermanos Grimm, que era lo que yo leía de niña —o más bien: me leía mi abuela— sin parar, hasta que me los sabía de memoria (y que, por cierto, creo que siguen siendo una gran influencia para mí). Esto fue mucho antes de que me regalaran la serie de Los cinco y la de Ven al circo, otra de mis favoritas, y muchísimo antes de que Disney hiciera su versión en dibujos animados, que estrenó en el 91, que fui a ver al cine y que también me encantó.

En el cuento, los muebles mágicamente cuidaban de la protagonista, Bella, pero en la película directamente se personificaban: la señora Tetera, ¿os acordáis? Y el candelabro mayordomo (si no recuerdo mal) y aunque al armario le da vida Madame No-sé-qué, la cantante de ópera, creo que en mi cabecita infantil, según la cronología de mi imaginación, se instaló la idea de que ese personaje no era una armario cantarina, sino un Tallboy. Alto y fiero, como un soldado suizo; el perfecto custodio de mis sueños y de mis pesadillas. Siempre he querido tener uno, para que me vele de noche. No se ven mucho por ahí, y además ya no están de moda. Las casas hoy se decoran en plan minimalista, con muebles setenteros, imitaciones muy logradas de Zara o Ikea, de diseños midcentury modern, y sofás en L que denominan chaises longues —aunque una chaise longue no es un sofá en L, sino tan solo el trozo inferior de la L, y también una especie de tumbona de interior—. Por otro lado, ya nadie quiere tener una cómoda más alta que Gasol, con cajones a los que no se puede llegar sin una escalera de biblioteca. Es una ventaja que nadie los quiera, porque lo que no está de moda es casi siempre más barato; supongo que algún día me daré el capricho de comprarme un Tallboy, eso espero.

Esto de las alturas me recuerda a otro cuento, el de La princesa y el guisante, que también era uno de los que más le solicitaba a mi abuela que me leyera, y que siempre me dejó con las ganas de probar a ver si yo notaría el guisante debajo de los quince o veinte colchones. Mi abuela desde luego estaba convencida de que sí, que yo lo notaría, porque para ella yo era una princesa.

Sinceramente, dicho todo esto, no sé si es de la Bella y la bestia, o de dónde me viene mi fijación con el Tallboy, y en general por las cosas altas y, ya que estamos, también por los hombres altos. Será una especie de imprint; eso que les pasa a los patitos y a los gansitos (no sé si a todas las aves,,, y a los reptiles) justo después de nacer, que fijan de manera irreversible la figura materna en lo primero que ven, aunque no sea la madre biológica, y que puede ser tanto otro animal, o una persona, como incluso un objeto. Yo creo bastante en lo del imprint. Nosotros también vamos sufriendo improntas, que nos van marcando y definiendo los gustos a lo largo de la vida. De pronto, vuelves a ver una película, como por ejemplo Desayuno con diamantes, y descubres que tu obsesión por los vestiditos negros y tu necesidad por dormir con antifaz te viene de ahí; o descubres que si alguna vez te has pintado las uñas de verde, quizás ha sido porque de ese mismo color las llevaba la Minnelli en Cabaret; ¿y si me gusta comer zanahorias crudas porque mi dibujo animado favorito era Bugs Bunny? Muchas veces, ni te acuerdas de cuál es el origen de hacia donde te mueven tus tendencias, porque puede que sean remotísimas.

Hace mil años, coincidí en un hotel con el equipo entero español de baloncesto, que estaba concentrado allí previo a una competición. Creo que aquello fue un imprint sensacional, porque me enamoré de todos los jugadores de la selección, y de todos a la vez. Puede que, finalmente, ese sea el verdadero origen de mi gusto por los Tallboys.

Alex

P.D.- Otro armario alto y fabuloso es el que te lleva a Narnia y que encima está lleno de abrigos calentitos y bonitos, perfectos para pasearse por un bosque nevado. En la foto, mis manos a lo Minnelli. 

Y la banda sonora 👇🏻 de Narnia

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