Instrucciones para soñar

Vale para ambas modalidades, tanto para soñar despierto como dormido, y en el duermevela incluso, cuando el sueño se puede estirar, y se hace más elástico, sobre todo cuando no sabes exactamente dónde estás. Oh, soñar, ¿qué sería de la vida sin los sueños? ¿Y de los sueños si no fuesen vida? Soñar es como volar. Como cuando sales por la ventana de tu cuarto y flotas, abrazas el aire, te tumbas sobre la panza a lo Peter Pan, y buceas sobre las profundidades del mundo, calladito. Hay que soñar en silencio por si acaso alguien te espía y se entera de lo que ves o de lo que te cuentan en tus sueños, porque son íntimos y tuyos, y no se deben desvelar, por lo menos, no hasta que te despiertas. Los sueños son como un deseo que le pides a una estrella fugaz y que solo ella puede conocer para que se hagan realidad. Soñar, hay que hacerlo siempre en secreto y en soledad. Es una instrucción inevitable, porque el sueño no es compartido, se comparte, como la vida. El sueño se respira en uno mismo, pero la vida se anda en compañía. Son simbióticos, vida y sueño. 

Con los ojos abiertos, perdidos a la espera de que se abra el semáforo, en el horizonte de una carretera, o frente al altar. Con los ojos cerrados, en la ducha, bajo un sol de mediodía, o durante la noche cerrada y al amanecer, sí, sobre todo al amanecer, que es cuando mejor se alargan. No hay momento inoportuno. La cuestión está en que la papilla de la memoria sazonada por el yo-qué-sé alimente con imágenes la pantalla de tu cristalino directamente, sin filtros y sin razonar. Siempre, en cualquier momento, siempre hay que soñar y nunca, jamás con cabeza, ni normas, ni reglas, ni lógica; el sueño no necesita nada de técnica, el sueño es sensorial. Se alimenta de sentidos.

Siente, mira, déjate llevar por el sinsentido de la narrativa onírica no-lineal. Entrena, ensaya, distráete con una mosca, con una tela de araña con su araña ausente que no sabes dónde estará, o con una hoja arrastrada por el viento hasta el paradero de su destino, cuenta sin contar las ondas que deja el zancudo en el río, o busca el recuerdo en un olor inesperado infantil; son algunas cosas que ayudan a soñar, perderse abre la puerta del sueño.

Abre. Sé otro. Descubre a otros. Conoce tus miedos, tus deseos, tus guardianes, tus guías; fuma, come, ríe, llora, vuela, ve desnudo por la calle, haz el amor. 

Y, no se te ocurra poner el despertador, mucho menos si los quieres recordar. Nada asusta más a un sueño que algo ¡o que alguien! lo despierte. De un sueño solo te puedes despertar tú.

Alex

P.D.- Dulces sueños. En la foto, mi complemento favorito para soñar.

Y la banda sonora 👇🏻🤪