Cómo te imagino

No es fácil conocer a la gente. Las personas se ocultan bajo capas y no te dicen qué quieren, mucho menos qué necesitan. Yo tengo un truco, y como os hacen gracia mis instrucciones, pues un truco, sin ser un manual, siendo poco, algo es. Aquí va: 

  • Me imagino a la persona con siete u ocho años, un niño, en el colegio y con el uniforme.

Le quito las arrugas, las canas, los kilos, el maquillaje, los rejuvenezco un porrón de años, y les pongo un polo blanco, un pantalón o una falda gris, un jersey de pico azul marino, unos mocasines negros, y los peino y si hace falta les corto el pelo, los afeito… a una le pongo una diadema a otra dos coletas… Et voilà! Los veo. 

Veo al travieso, al empollón, a la soñadora, al listillo, el graciosilllo, a la que no da una en matemáticas, a la cerebrita, el chulito, el guapo y la guapa, la tramposa, el copión… en fin, toda la fauna escolar. Son mi conjunto de arquetipos personal. 

Debajo de esa mujer que se ha pulido, se ha teñido, se ha operado la nariz, etc. suele haber una niña insegura, incluso tímida, y con una inseguridad que perdura (no pongo ningún ejemplo, todos tenemos alguna amiga así); debajo del hombre despeinado, risueño, suele estar el payasete, o el listo (Boris Johnson por ejemplo); en el cuerpo del guaperas suele esconderse un (lo que yo llamo) patito. Es porque los patitos navegan y pasan delante de ti sin mirarte. Son un poco creídos (como el Conde Lecquio). De vez en cuando también me imagino su avatar animal, pero eso es solo para divertirme, no tanto para adivinar su personalidad.

Al parecer a los espías los entrenan para observar micro-reacciones. Cómo actúan las personas bajo presión. Cómo se reacciona ante el miedo, la culpa o la tentación. Analizan gestos (la mirada, el tono, tensión, respiración…), y se fijan en sus contradicciones: lo que uno dice frente a lo que hace. Qué es lo que le mueve, qué desea y qué teme, porque ahí es donde se esconden las vulnerabilidades. Y los psicólogos buscan nuestra coherencia. Cómo hemos construido nuestra identidad. Cuáles son nuestros traumas, nuestros mecanismos de defensa, qué nos contamos, cómo nos justificamos…

Yo, en cambio, atajo, e intento llegar directa a la infancia. A la esencia, que en realidad es lo que nunca cambia.

Ver al niño es muy útil, además de ayudarte a sentir simpatía rápidamente por quien sea —incluso con el malote, que suele ser un niño con falta de amor y necesidad de atención— porque es fácil conmoverse con un niño, también sirve para predecir comportamientos. Y si no empatizas o te adelantas a sus movimientos, al menos, sirve para comprender a la gente.

A veces, cuando alguien me pide mi opinión sobre alguien, suelo hacer un retrato infantil bastante detallado: “imagínatelo en el cole… Este era el típico empollón, un poco tímido. Seguro que iba a un cole solo de chicos, pero estaba en el equipo de baloncesto…” o: “Buah… este era el típico guaperas, las chicas se le tiraban al cuello, no ha tenido ni que aprender a contar un chiste para ligar…” —quizás este arquetipo se acerca más al grupo de los adolescentes, he ampliado la horquilla de edad— o: “esta se sentaba en última fila… La típica mala estudiante porque se aburría en clase, pero fíjate era por ser demasiado inteligente… ” Generalmente, mi imaginación funciona y doy en el clavo. En cuanto ves al niño, de repente vuelves al colegio, a la primera sociedad, a la obligada, en la que te tocó crecer y en la que aprendiste a sobrevivir, como el mejor espía, el mejor psicólogo o el mejor antropólogo. Pero, con una enorme ventaja, ya no eres un niño; eres el adulto que observa con, si no compasión, incluso con ternura, por lo menos con condescendencia.

Así que ya sabes cómo te he imaginado alguna vez.

Alex

P.D.- Otro jueguecito divertido, o que me divierte a mí, que sirve para las salas de espera, las colas, un ratito en una terraza mirando a la gente pasar… es este: voy seleccionando a la gente, como si hiciera un casting para la Guerra de las Galaxias, o El Señor de los Anillos. Unos van al Lado Oscuro, otros a La Rebelión, otros a los Jedis… o al grupo de los enanos, los elfos, los hombres… y así. Ya veis con qué cosas me entretengo. 

El cuadro es de mi querido amigo Pepe Carretero, que expone hasta el 6 de enero, en el Jardín Botánico de Madrid, una serie de flores y bodegones buenísima que os recomiendo que vayáis a ver.

Y un recordatorio: si te gustan mis posts, compártelos. Yo te lo agradeceré, porque eso me ayudará a que más gente me lea, ¡gracias!

Y la banda sonora 👇🏻