He empezado el año con muy buen pie. Mi amiga Anabel me mandó un vídeo, por si me daba por escaquearme —habíamos quedado para dar un buen paseo por el Retiro—, protagonizado por una psicóloga que se automotiva para salir a correr, frío báltico aparte. Ella se dice ‘tira pa’lante’ y nosotras, yo por lo menos, ‘si ella puede, yo puedo’; total que con las zapatillas puestas, allí que fuimos, motivadas, cumpliendo con el propósito común.
El Retiro es el corazón de Madrid. Tiene varias aortas, que fluyen asfaltadas conectando arquitecturas, caprichos, fuentes y esculturas en una retícula muy bien pensada, abrazada por bosquecitos, parterres, el estanque y el estanquito, cobijo de gatos humanos y felinos, conejitos, alguna ardilla, pajaritos, pajarracos —sí, algún pajarraco he visto al anochecer cerca del Florida Park— y una rosaleda con rosas de invierno y de primavera, un parvulario de perros, chiringuitos, columpios… es un corazón y un trocito de alma de Madrid. Y es también un espejo estacional, en el que se refleja el sueño y la vigilia, recordándote que existe un constante cambio cíclico natural, que no es solo climatológico, es vital. Aquí en la ciudad este parque es necesario, y no solo por ser el corazón, trocito de alma y hasta un pulmón, también por ser un narrador del tiempo, de la realidad olvidada que transcurre en paralelo a la ruidosa vida urbana.
Como era el primer paseo del año, quisimos ser prudentes y acortamos el perímetro hacia la placita del Ángel Caído —con esa escultura, al parecer, única, que a mí me gusta mucho, porque te avisa de las consecuencias de ser un soberbio— y de ahí recorrimos el paseo de Fernán Núñez, paralelo a Menéndez Pelayo, donde se coloca la feria del libro en primavera, y fue cuando nos topamos con la exposición de fotografía «Madrid (1976-1979). Memoria visual de la Transición» de Juan Miguel Sánchez Vigil y Manuel Durán Blázquez, que retrata algunos barrios madrileños de aquella época, no tan lejana en el tiempo, pero increíblemente antigua y pobre.
Son fotos bellísimas por su composición y color que retratan algunos barrios de Madrid en los que todavía algunas mujeres hacían la colada a mano en el lavadero municipal, o incluso en alguna fuentecilla de las que había entonces para beber agua, que eran como bloquecitos de granito (en el parque todavía quedan); a los niños los bañaban en un barreño de estaño en la calle; circulaban por la calzada los Seiscientos y los vecinos reclamaban que se rehabilitaran las corralas.
Algunos señores mayores, que probablemente recordaban aquellos años todavía frescos en su memoria, se sorprendían con nuestra sorpresa ante un Madrid chabolesco, pobre y tan poco desarrollado. Hasta las fotografías de algunas calles del Centro o de Chamberí, nos parecieron casi irreconocibles, por ahumadas y tristes. Sonreímos al reconocer a Concha Velasco en el cartel pintado a mano que cubría la fachada de un cine de la calle Luchana, por fin algo familiar.
La Transición. Todo pudo salir mal. Sin embargo, se logró. Hemos hecho mucho en estos años.
Nos hizo bueno y frío. Salimos por la Puerta de Alcalá, habiendo dado siete mil pasos (y pico) ¡sin esfuerzo! Un buen comienzo.
Alex
P.D.- La foto no es de ese día. La tomé durante otro atardecer en el Retiro.
Y la banda sonora, queridos lectores 👇🏻 La vida sigue igual de Julio Iglesias
y un documental 👇🏻 de Televisión Española de 13 capítulos que retrata la evolución política en nuestro país desde el asesinato en diciembre de 1973 del almirante Luis Carrero Blanco, presidente del Gobierno, hasta las elecciones democráticas de junio de 1977 en las que se impuso la Unión de Centro Democrático (UCD) de Adolfo Suárez. La serie se emitió en TVE entre julio y octubre de 1995.
