La realidad me supera

El año pasado hubo una alineación planetaria, de esas que solo suceden cada quinientos años, que, según dicen algunos, avisó de que venían curvas, y encima, coincidió con la famosa reunión entre Trump y Zelenskyy, que fue, al menos para mí, algo entre estupor y bochorno, dándole cierta credibilidad a la predicción, y me llevó a escribir un post en el que divagaba sobre la influencia de los astros y los cambios sociales; en realidad, sobre la incertidumbre de nuestros tiempos, ya que la incomodidad frente a la incertidumbre y la imprevisibilidad es algo que me cuesta muchísimo tolerar; a todos, imagino, nos disgusta no poder saber qué va a pasar, ni qué se puede esperar, o a qué podemos aspirar. Yo, desde luego, insisto, lo llevo fatal. 

La otra madrugada, me desperté a las cuatro de la mañana, pensando en los agricultores y en el acuerdo Mercosur, angustiada por el campo español —el desvelo tiene algo de egoísmo lo confieso; yo prefiero consumir producto local—, y hoy, me he pasado un rato muy largo poniendo likes en apoyo a los manifestantes iraníes, que están siendo aplastados, se habla de muchos miles asesinados, por el régimen totalitario de los ayatolás. Me he acordado de que hace unos años, mi querido amigo Jedi Joaquín, que nos dejó y está con la fuerza, su mujer Marta y yo, nos manifestamos frente a la embajada de Irán, con un transistor a todo volumen, y bailamos a favor de los Happy Iranians, encarcelados por grabar el vídeo de la canción We are happy. Creo que los soltaron, sin embargo, al director, no. Ellos declararon —ellas con el velo puesto hasta los pies, no como en el vídeo— que pensaban que se contaba con los permisos para poder grabarlo y entonces, el castigo solo lo sufrió el director. Me pregunto qué habrá sido de él. La actualidad se borra con una noticia nueva y los protagonistas del momento son reemplazados por otros; olvidados. Son tantos los olvidados. Aunque hay miradas que uno no olvida. 

También me ha robado el sueño el Helicoide, centro de tortura venezolano, gracias al testimonio de un joven liberado. Testimonio que me ha conmovido profundamente además de por su dureza porque, sinceramente, yo me he enterado de que existía este infierno hace, más o menos, una semana (a pesar de leer y ver las noticias a diario). 

Lo de Minnesota angustia, y lo de la ordinalidad, por mucho que lo explique Montero, y para reírme por no llorar, no lo comprendo.

No sigo con los acontecimientos, porque mi marido me ha pedido que no escriba sobre política, que se me da fatal, dice, y creo que no le falta razón. Y de paso, a mi amigo Francesco tampoco le gustan estos posts míos tristes; prefiere cuando escribo sobre cosas hermosas y luminosas, como dice él, y lo comprendo. A mí también me gusta más la belleza. Es un antídoto. El horror me aterroriza, me espanta, me acorta la vida robándome horas de descanso y me bloquea, me frustra; la realidad me supera.

No he podido encontrar ningún tema luminoso sobre el que poder escribir hoy. Me perdonará mi marido, Francesco y tú.  

Hace un montón de años conocí un arquitecto que ni leía el periódico ni veía las noticias. Me lo dijo durante una cena, y me confesó que así conseguía vivir más tranquilo y feliz. Me chocó. Yo recibía el periódico ya en el internado, junto a mi amigo Sam; nos pusimos de acuerdo los dos para suscribirnos cada uno a una cabecera, y así nos intercambiábamos la prensa, a diario, para poder leer los diferentes puntos de vista. Además de informar sobre lo que pasa en el mundo y dar a conocer opiniones variadas, la actualidad sirve como tema de conversación. Supongo, recuerdo, aunque quizás me lo invento —a veces uno inventa los recuerdos— que durante aquella cena nos dedicamos a hablar sobre arquitectura y diseño; sobre un jarrón Alvar Aalto, los pilares de Walter Gropius, el zoo de Javier Carvajal, iconos e ídolos así; y que la cena fue agradable. Es una opción.

Pero, no. Yo, a pesar del insomnio, no podría dejar de ver.

Intentaré escribir algo más luminoso la semana que viene —jarrones, columnas, documentales sobre animales, porque los zoos no me gustan, cuentitos y qué sé yo— esta semana no he dormido lo suficiente.

Alex

P.D.- La buena noticia es que el oso panda ya no está en extinción. La foto es de Roman Babakin.

Y la banda sonora 👇🏻 Louis Armstrong – What A Wonderful World