Málaga

Me pilla lejos. Esta noche, bajo la luna llena malagueña, el mundo mirará a sus Vírgenes y a sus Cristos con la devoción de mis ojos. El mundo olerá a romero, a incienso, a flores blancas y a cera derretida. El mundo escuchará saetas bajo la lluvia de pétalos rojos al paso de los pasos. El mundo estará todo centradito ahí, en Málaga —entero y concentrado— porque hay noches en las que el mundo entero se concentra en un momento mínimo en medio de la historia eterna, en un latido; en el jueves de Málaga.

No va a caber un alma en la Tribuna de los Pobres; no habrá un balcón cerrado en la calle Larios; no estaré en el Puente de los Alemanes esperando al Cristo de la Buena Muerte, ni recogeré ramitas de romero del suelo pisadas por la Esperanza, ni me meteré medio acongojada medio adrenalinada en el encierro de Viñeros. El mundo me pilla lejos este año. Me pilla aquí.

Y no pasa nada. El ritual se repite con cada primera luna de primavera, y unas veces llueve, los adoquines resbalan y el mundo llora y otras veces, como ocurrirá esta noche —lo imagino, lo sé— el mundo acepta el sacrificio y lo celebra. Me sobrecoge y me embelesa.

Me detengo aquí. Temo y no quiero que el texto empiece a parecerse a una guía turística cuando es solamente un anhelo, un ‘te echaré de menos’, ‘me acostaré sin ti’, ‘dormiré sin ti’ y ‘con un poco de suerte, te soñaré’.

Alex

P.S. – ¡Feliz Semana Santa! La foto es de Bruce St. Clair, de cuando sí hemos estado ahí en medio. Y la banda sonora Fred Bongusto – Málaga