La noche más larga

Las noches largas son perfectas para olvidar. Pero, a la noche más larga hay que llegar olvidado. Solo quedan dos noches, para soltar, para dejar atrás todo aquello que no suma, o como tengo yo apuntado en mi agenda, diciendo: fvçk the past! Lo escribí en inglés, porque el inglés es el idioma más económico que conozco y cabe mejor, sin saltos de línea. ¡A la m1€r5a el pasado! Es la traducción. Lo escribo así de raro porque en esta era extraña que soportamos, puede que hasta Google me censure, que esconda mi posición, cuando yo lo que quiero es ser vista, no condenada al ostracismo del buscador. 

No sé cómo será el olvidar elástico, durante las otras noches polares de por ahí, que duran días y hasta meses. Tampoco sé cómo son los finales ni los principios fugaces en la estrecha línea del Ecuador. Allí el Taijitu, que es el círculo que representa las dos mitades del yin y del yang, no contendría en cada uno de sus lados su circulito opuesto. De existir en esa latitud, que dudo que lo haga, solo tendría un lado completamente blanco y otro completamente negro. Sus días son iguales que sus noches. Sus atardeceres no se alargan, sus amaneceres no se acortan. Su dualidad es perfecta, pero sin tiempo, ni matices. ¿Necesitaría yo allí el recordatorio de mi agenda para dejar el pasado atrás? ¿O el paso diario, desde el ocaso al alba, me resultaría suficiente? 

Aquí, las cosas suceden poco a poco. El techo de las estrellas nos durará quince horas. La mitad, lo pasaré en vela. A oscuras, limpiando chacras, bebiendo agua, despidiéndome, si acaso algo se merece un último adiós. La tarde llegará antes y la mañana se hará de rogar. Es el solsticio de invierno un portal a otra dimensión, la de los nuevos comienzos. Me encanta llegar a él porque después, el sol le irá ganando minutos al día, y con cada minuto ganado vendrá una nueva oportunidad. Fvçk the past! Bienvenido futuro. 

A los del otro hemisferio les pasa lo contrario, celebrarán Navidad, cuando para ellos, será como un San Juan, el otro portal. La noche más corta invita a empezar la purga, bañarse en el mar, quemar los pasados para que se consuman en una hoguera… ellos se dirigen a la sombra de los días, mientras nosotros celebramos la vuelta de la luz. Iluminamos el árbol, intercambiamos regalos, deseos, ilusión… Estamos los unos al revés de los otros.

Yo creo en los rituales, en la polaridad, en el Tao, en los ciclos… es mi lado más pagano. Por eso digo que al solsticio de invierno hay que llegar con el olvido hecho y con la esperanza abierta. Y, a los que os toca allá, os cuento que a San Juan hay que llegar con la cosecha sembrada y los adioses dispuestos. Para nosotros es momento de llenar, pero a vosotros os toca vaciar. Esto suena a imposición, pero os aseguro que es solo una opinión. Una opinión compuesta por uno de mis popurrís: un poco de lo que leído, otro poco de lo que he vivido, una pizca, bueno no, un bastante de lo que he imaginado. Sin dogmas.

Solo faltan dos noches, pero yo ya tengo amnesia de pasado y, aunque tengo hasta el primero del año —el calendario gregoriano me permite hacerle trampas al cosmos— casi tengo elaborada mi lista de nuevos propósitos. No soy ambiciosa. Una vez leí que el secreto de la felicidad consiste en ponerse metas a corto plazo. Y yo interpreté que eso significaba ir paso a paso: con un propósito a la vez.

Un año dejar de fumar, otro no sé qué —me acuerdo de lo de dejar de fumar porque me costó—, solo me acuerdo de las cosas difíciles. El año pasado también decidí hacer algo que me ha costado mucho: escribir un libro. Lo he cumplido. Creo que este año mi propósito será más sencillo: terminar de leerme —aunque tendré que empezarlo de nuevo, para qué me voy a engañar… En algún ‘Fvçk the past!’ olvidé los capítulos— À la recherche du temps perdu de Proust. A un amigo le parecerá que acaba de pillarme, o de encontrarme, en otra contradicción. A él le parece que soy una contradicción en mí misma. ¿Qué hago yo buscando el tiempo perdido de la mano de Proust? Imagino su pregunta y su duda. Se olvida que soy un estepicursor, un proceso, una exploradora de matices. Vivo encerrada en un ciclo que empieza y acaba en un solsticio. 

Tenemos suerte los de arriba y los de abajo, todavía nos queda invierno para hibernar, como un oso sin osa polar. Y verano para disfrutar, como una osa sin oso polar. No hay prisa. 

Alex

P.D- ¡Feliz Navidad! (desde mi lado más cristiano) La foto es del National Geographic