El otro día me insultaron llamándome ‘inconsistente’. Como soy una freaky total de Star Wars y un jedi no se ofende ni reacciona —una yoguini tampoco—, también soy un poco estoica (o por lo menos lo intento), tengo una pizca de taoísta y un bastante de castiza, considero que ‘solo ofende quien puede, no quien quiere’; el insulto me resbaló, aunque lo escuché, y contesté:
—Sí. No tengo por qué ser consistente en nada. Ser inconsistente es una forma de consistencia.
Y es verdad, en lo que más consistente soy es en cuestionarme todo. No tengo certezas de nada y puedo debatir una cosa y la contraria con sorprendente facilidad, incluso para mí misma.
Entiendo que produzca cierto desconcierto e incluso entendí el arrebato de rabia (sin por ello aprobarlo), porque la mayoría de la gente ha adoptado la horrible costumbre de tener que etiquetarte (en lo que sea) y si no encajas en ninguna de las casillas disponibles lo mejor que te pueden llamar es inconsistente. Aunque realmente no lo seas. Porque ser un inconsistente significa que no actúas según tus principios (se entiende que morales), que eres un frívolo, y yo, siendo a veces un poco frívola, tengo principios, lo que no tengo son certezas; es diferente.
Y no es fácil. Ser creyente, tener fe —en lo que sea— es una bendición. Te libera de la duda, de tener que llegar a conclusiones por tu propia cuenta e incluso te libra de equivocarte, porque si sigues las consignas estás avalado por tu grupo. La ‘inconsistencia’, en cambio, es solitaria y responsable e incierta, y te expone, y te excluye. Al menos sirve para poder escribir.
Me ha costado mucho llegar a ser una inconsistente. Para empezar uno tiene que intentar no juzgar, que no significa comulgar con todo; no. Uno puede no estar de acuerdo, incluso aborrecer una idea, pero para ser un buen inconsistente, no debe juzgarla; solo tratar de comprenderla. Se me ha olvidado aclarar o re-aclarar que estamos en el ámbito del pensamiento y las ideas, porque las acciones, todas, tienen consecuencias, y son juzgables, en los Tribunales. Lo aclaro porque tal y como está el patio a uno se le olvida que tiene derecho a pensar lo que quiera, pero no a hacer lo que quiera. Volviendo al refranero —mujer refranera, mujer puñetera— ‘del dicho al hecho, hay un trecho’. El camino de la comprensión es cansado. Es como una carrera de obstáculos (de prejuicios), con muros y escaleras que van solo cuesta arriba y habitaciones sin llaves para abrirlas que hay que descerrajar. Es laberíntico. Pero como es obligado en el oficio del narrador —¿cómo si no se puede contar una historia sin hacer un panfleto?— lo he aprendido a base de mucho empeño y bueno, también un poco porque el mundo me ha hecho así. No lo puedo remediar.
Hay gente que hace panfletos muy buenos, no se puede negar, sin embargo a mí, como buena inconsistente, el panfleto se me da fatal. No me gusta, ni en la vida, que es puro teatro, ni en la literatura ni en el séptimo arte —no digo cine, porque las series de televisión son el formato largo, a veces larguísimo, de este arte—, tampoco me va lo didáctico, a pesar de que de vez en cuando os comparto instrucciones para besar, soñar, enamorarse… muy útiles.
Otra cosa que uno tiene que superar es la vergüenza, porque para tener suficiente inconsistencia tienes que hacer muchas preguntas y tienes que poder decir alguna que otra tontería, en realidad, muchas tonterías; las tonterías ayudan al debate. Al menos a mí, que no soy demasiado culta ni demasiado inteligente, me ayudan. Una tontería sirve para que el otro te corrija, te dé una lección y te ayude a comprender.
Pero ser un inconsistente, además de para escribir y aprender, tiene otra ventaja: te da libertad, aunque solo sea de pensamiento, te abre la mente a diferentes perspectivas y por si fuera poco, te vacuna, rara vez te llaman hipócrita, defecto en el que a los consistentes les cuesta mucho no caer, porque también es muy difícil ser un consistente del todo y no caer y esconder alguna que otra transgresión. La gauche caviar, el católico infiel, el gurú vicioso, el revolucionario tirano, el idealista corrupto… Son algunos ejemplos de los muchos que hay y, además, sirven como inspiración para cualquier narrador.
Finalmente, para ser un inconsistente te recomiendo que dudes de todo, no tengas certezas de prácticamente nada, que escuches sin juzgar, que seas muy infiel a políticas y a dogmas y en definitiva, que tomes conciencia de que en realidad, como Sócrates, solo sabes que no sabes nada.
Alex
P.D.- Al final, sin quererlo, he hecho un panfletillo, aunque espero que se haya quedado en una mini-apología de la duda. En la foto estoy con Sola, mi chucha bodeguera andaluza, en postura de loto, ¡atención! Me acabo de enterar que hacer yoga ha pasado de ser para perroflautas, a ser de nazis ¡lo que faltaba! 😵💫
Y la banda sonora 👇🏻 Niña Pastori – Desde la Azotea

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