Yo no sé si lo noto o es que lo noto debido al efecto placebo —el resultado en cualquier caso es el mismo— pero Urano ha entrado este domingo definitivamente en Géminis —y yo soy géminis— y llevo un rato, o sea unas semanas, o unos meses, incluso más —al fin y al cabo, Urano ya pasó por Géminis durante unos meses el año pasado—, mucho tiempo, sintiendo sus efectos: necesidad de transformación, de libertad y de reinventarme por completo. Estoy en pleno kairós, un concepto griego, una especie de Carpe Diem 2.0, que yo, ignorante de mí, desconocía hasta que me lo explicó un amigo, y que desde entonces he convertido en uno de mis conceptos favoritos: el tiempo oportuno; el tiempo con sentido. Al contrario que cronológicamente, las cosas, kairológicamente, suceden no cuando tienen que suceder sino cuando son oportunas y tienen sentido. Y, lo que más me mola de este kairós uranogeminiano es que va a durar siete años, un periodo que en realidad se extiende más aún, porque las barreras en el cosmos no son líneas sino espacios; por eso se nota antes de entrar y después de salir. No es mi ceguera del tiempo, es que es así. ¿Lo veis? Me importa precisarlo, eso es culpa del kairós; a mí nunca antes me habían importado las líneas rectas.
Todos deberíamos vivir en este estado perpetuamente, no solo los géminis, ni los ascendentes en Géminis, ni los que tengan la Luna en Géminis o a Venus en Géminis —ya somos más—; todos. En el tiempo en el que lo que nos sucede nos transforma, porque eso es lo que llena de euforia la existencia; de una euforia real.
Ojalá.
El deseo bienintencionado ‘no cambies nunca’ siempre me causa un poco de resquemor, porque, pese a querer ser una rebelde, en el fondo soy bastante obediente y cumplidora, y pedirme que no cambie me resulta una tarea imposible. Cada día nuestras células y nuestras experiencias nos modifican, no somos hoy los mismos que ayer, y a mí eso me gusta. Me produce euforia, porque me gusta crecer, mutar; menos mal, porque es inevitable. Luchar contra lo inevitable frustra mucho y pone de muy mal humor.
Entiendo que para algunos no es fácil, a muchísima gente le horrorizan los cambios, pero es que resistirse a cambiar es peor. Va asociado a esto que antes te recomendaban mucho que tenías que hacer: salir de tu zona de confort. La otra noche estuve cenando con un amigo que hacía mucho que no veía, que es una persona y un cinematógrafo extraordinarios —seguro que habéis visto alguna peli iluminada por él y protagonizada por alguno de estos guapos: Brad Pitt, Tom Cruise, Denzel Washington…—, pues bien, me contó que cuando terminó el rodaje en el que estaba trabajando, en vez de irse de vacaciones a tumbarse a una playa a la bartola, se metió de pinche un mes en una cocina de un restaurante con dos estrellas Michelin en Brasil. “Así he aprendido portugués” —fuera de su zona de confort, sin embargo en otra zona igual de exigente— “y como era un perfecto inútil, he hecho todas las tareas que nadie quería hacer hasta ganarme el respeto de mis compañeros”.
Cambiar no siempre significa alejarse de uno mismo, muchas veces te devuelve a tu centro.
Urano, planeta que por cierto fue recientemente reconocido como tal, en 1781, a las puertas de la Revolución Francesa, cuando también estaba en Géminis, promete. La última vez que transitó por el signo de los gemelos, entre 1941 y 1949, coincidió con el final de la Segunda Guerra Mundial. Ahora, los astrólogos auguran que se produzca “un salto cuántico en la conciencia humana”, “una nueva era caracterizada por innovación, velocidad mental, cambios en la comunicación y transformación colectiva”, “cambios profundos que tendrán influencia en todos los signos del zodiaco”, «nada volverá a ser igual». ¡Pamplinas! No temáis. Aunque, por si acaso, yo os lo he contado.
La verdad es que no creo (demasiado) en la astrología. No creo que tenga que pasar Urano ni por mi constelación, ni por la tuya, porque el momento oportuno, que transforma y le da sentido a tu vida, puede suceder en cualquier momento y a cada instante. Es una posibilidad permanente.
Alex
P.D. – La foto no es un Mentos, es Urano capturado desde la Voyager 2. Todo sobre Urano: https://spaceplace.nasa.gov/all-about-uranus/sp/
Y la banda sonora 👇🏻 Carmensita – Devendra Banhart. Dale unos segundos porque la música del video tarda en empezar. La calidad de la imagen es muy mala, pero es la mejor que he encontrado con Natalie Portman.

Os leo 💋