Ahora en primavera, cuando salgo de entrenar, todavía es de día; las terrazas están llenas de gente disfrutando de su cervecita y dan ganas de pararse, saludar, tomarse algo con alguien; la verdad es que esto lo hago durante todo el año. Al lado de mi casa tengo un bar donde acudimos los sospechosos habituales del barrio. Me asomo un poco y, si está mi amigo Valerio —amigo del colegio, compartimos infancia— no me resisto, entro y me premio después del machaque del gimnasio; o sea: deshago lo hecho. Con la oscuridad invernal, volver a casa, paseando rodeada del frío pétreo y mojado del asfalto madrileño, no se me quitan las ganas del vino calentito con mi amigo. A las nueve de la noche yo me despejo y a las once estoy en mi salsa; soy un búho.
Unos son alondras y otros hemos nacido siendo búhos, pero el cincuenta por ciento, no es ni alondra ni búho, son colibrís.
Si tu horario de sueño es de diez de la noche a seis de la mañana (más o menos), eres como un veinticinco por ciento de la gente, alondra; que lo tuyo es un perfecto, y mayoritario, de doce de la noche a ocho de la mañana: colibrí; y si eres de los míos —el otro veinticinco por ciento que falta— entonces, tienes que luchar para no acabar acostándote a las tres de la madrugada e intentar dormir hasta, por lo menos, las once (con antifaz y, si hace falta, con tapones en los oídos; aislando los sentidos de la luz y del bullicio).
Alondras y colibrís se emparejan bastante bien. Pero, ser un búho es un poco antisistema; toda mi vida lo que más me ha costado es madrugar y por eso me he sentido como si fuera ya no una rara avis, sino una persona defectuosa. El mundo está programado para los colibrís y las alondras, a nosotros nos queda la bohemia. Y la luna. Crecemos y menguamos con la luna; cuando no hay, nos reseteamos y cuando está llena, nos recargamos con su energía. Somos como las mareas y como el limonero lunero, que da limones todo el año, y somos así, no por capricho, sino por necesidad. Somos los custodios nocturnos del fuego; los que cuidamos la hoguera de la tribu; guardianes de los sueños. No somos una anomalía; me ha costado y he tardado en defenderme de la burla.
No se me pegan las sábanas, ni mira que soy nocturna, es mi naturaleza y de noche me espabilo, y por la mañana, no soy nadie hasta pasado el mediodía. Y tengo cierta utilidad en la sociedad de hoy en día, porque los búhos además de vigilantes, somos los que subimos el share de las audiencias; se adapta el Prime Time a nuestro horario, ya que si no tenemos mucho que hacer, somos quienes vemos la tele a esas horas. Los publicistas no sé si lo saben, supongo que sí, pero en realidad somos el truco del target. Y, aunque algunos no lo valoren lo suficiente, no es nuestra única función. Los músicos aprovechan el silencio de la noche para grabar, los escritores para concentrarnos mejor en el texto, los pintores igual, en sus lienzos. La nocturnidad favorece a los artistas; el arte favorece al mundo.
Las alondras hacen pan, los colibrís lo venden, nosotros lo mitificamos.
De día los estímulos olfativos, acústicos y visuales, lo confieso, me abruman. Los búhos son identificables en la calle; siempre, siempre, nublado y con chaparrón, los ves con gafas de sol. De noche los sentidos se me agudizan. Oigo la respiración del mundo, veo la vibración de las almas iluminadas con la luz de las velas; en verano me perfumo con una Dama de Noche y en invierno, aunque el invierno se trague los olores, huelo cómo se acercan las tormentas.
Los búhos no somos unos inútiles, ni unos crápulas, ni unos vampiros. Tenemos sentido. No somos un defecto, formamos parte del diseño del universo. Ya está. Ya nos he reivindicado.
Alex
P.D.- Una vez, tuve que localizar hoteles en Madrid para una serie de televisión, y se me ocurrió hacerlo ¡de noche! Fue una maravilla. Los búhos del turno de noche de la hostelería me abrieron amablemente la puerta y pudieron enseñármelo todo sin interrupciones de los clientes. En la foto, el hermoso búho de los Urales, un gran búho nocturno.
Y la banda sonora 👇🏻 que hoy viene por triplicado porque me ha costado elegir. Navajita Platea – Noches de Bohemia
Suite de Nocturnal Animals – Abel Korzeniowski 👇🏻
Y las Nocturnas de Chopin que acompañarán a cualquier búho toda una noche como tantas noches me han acompañado a mí 👇🏻

Os leo 💋