Campeones

Antes de que terminara el primer tiempo estuve a punto de cogerme la bici e irme a casa. Faltaban diez minutos para el descanso y la novia de mi hijo Gus, Cristina, me dijo que me esperara. Llegó el espectáculo y me quedé porque vi salir a Madonna y a los Teleñecos dirigidos por Dudamel. Y ya de paso, también a Shakira, que me encanta, y que llevaba un vestido que me pareció muy bonito. Entonces, me dije: “vamos a ganar y me voy a perder la alegría compartida, me quedo”.

El segundo tiempo dobló la emoción. Tres golazos, aunque en el marcador solo anotaron uno. La selección no paró hasta ganar. Qué emoción. Soy cero aficionada al fútbol, pero ¡madre mía! ¡qué felicidad! ¡qué orgullo! ¡españoles! ¡Campeones del mundo! 

Me tuve que tapar los oídos por culpa del elevado volumen del grito colectivo, que debió de llegar y unirse al de Nueva York, porque me he enterado, que no tenía ni idea, que la Super Bowl la ven unos ciento veinticinco millones de espectadores, pero que el Mundial lo ven casi (o sin casi y con un más) tres mil millones de personas —¡tres billones! Que dirían los americanos—; El Mundial es auténticamente mundial, global, un evento planetario total. He imaginado la cara de Trump al enterarse, parecida a la mía, porque estoy segura de que tampoco tendría ni idea de este dato, y que algún asesor se lo comentaría, como me lo han comentado a mí. “¿Qué hago yo metido a presidente…? Mañana me compro un club de fútbol…”, me lo he imaginado pensando y acto seguido comprándose el Real Madrid.

Lo bueno de no tener ni idea de algo es que siempre hay un experto dispuesto a explicártelo. «Ha sido fuera de juego», «si se lesiona y entran los médicos, tiene que salir del campo y volver a entrar», «corner», «esa falta es peligrosa». Me chifla descubrir cosas nuevas y si encima, las descubro con tanto entusiasmo, el placer es doble.

A ver… no era mi primer partido, lo admito, también vi el del 2010. Entre nuestros dos triunfos mundiales no recuerdo haber visto ningún otro partido. Yo me suelo sentar en la silla que no quiere nadie, de espaldas a la pantalla. Por cierto que en tren también me puedo sentar en el asiento más detestado, de espaldas a la marcha, porque no me mareo; inciso que no viene a cuento. Si ganamos copas o las perdemos, yo me entero por las reacciones de la gente. Pero, qué casualidad y tan de las buenas, haber podido ver justamente estas dos victorias, y las dos con Shakira. Ha pasado todo un ciclo.

En casa, me metí en la cama y puse la tele. Seguían comentando las jugadas y compartiendo imágenes de gente, desde todos los rincones de España, celebrando. “Esto es como ver el programa especial de fin de año”, me dije, “si no apago, no voy a dormir en toda la noche”.

Creo que me he aficionado un poco. En el primer tiempo van flojito pero luego empiezan a apretar, meten estrategia y velocidad, y gana el mejor.  

Alex

P.D. – Me puse una camiseta roja, pero me recriminaron llevar un bolsito azul clarito. La verdad es que yo soy mitad española, mitad argentina. Qué pillada.

Y la banda sonora 👇🏻 SHAKIRA – Dai Dai