Placer estival

La otra noche intenté secarme el pelo antes de salir a cenar, y es porque la noche anterior, no literalmente, sino la anterior que quedé a cenar con mis amigas, no me dio tiempo. Salí con el pelo mojado y, con la humedad —aquí hemos estado a más de noventa y cinco por ciento de humedad—, no se me llegó a secar. Al volver a casa, como estaba perezosa, me metí en la cama con el pelo todavía húmedo y dormí fatal. Así que ahí estaba yo intentando salir con el pelo seco, pero sin conseguirlo. Eran las ocho de la tarde y, a esa hora, el aire del secador se confundía con el terral, o lo que fuera, porque el terral es seco, y la brisilla de la tarde lo que traía era un calor mojado y tropical. La mesa estaba reservada a las ocho cuarenta y cinco y aunque yo me equivoqué y avisé a todas de que la cena era a las nueve y cuarto, la media hora extra no fue suficiente, calculando el atasco, tuve que apagar el secador y salir con el pelo medio húmedo: con la coronilla seca pero con la melena enredada y sin peinar. 

Cuando llegué, me disculpé ante la dueña del restaurante por el retraso general que confesé había causado yo, aunque cuestioné mi culpa con la amiga que había reservado nuestra mesa.

—Te dije que yo a esta hora tan temprana no me gusta quedar, por eso me dijiste que a y cuarto…

—No… Te dije menos cuarto porque a las diez cierran la cocina…

—Yo… Es la última vez que quedo tan temprano —anuncié—. Con este calor no se puede quedar antes de las diez. Me niego a hacer horario de turista. Yo a las ocho todavía estoy en la playa metida en el agua, y con este calor, después de la ducha, no me puedo ni vestir. La otra noche igual, por eso estaba estresada… Hoy lo mismo…

No reconozco Marbella. El chiringuito, medio vacío, y llegada la medianoche, éramos la única mesa que faltaba por pagar.

—Y encima… me voy a casa como la cenicienta… Vais a acabar con mi reputación de crápula…

Y esto no es una excepción, otra noche, con otros amigos y en otro restaurante: éramos cuatro mesas a las doce cuando empezaron a recoger las sillas, encender las luces y a insinuar que ya era la hora de cerrar. Te pegan un sablazo y después te echan con esta mala educación.

—Yo aquí no vuelvo… —dijo uno.

De ahí nos fuimos al bar de los habituales, que tampoco es ya lo que era. Se ha puesto de moda un karaoke, no un tablao, ¡un karaoke!, y se ha trasladado la fauna a ese local.

—Mi hija me ha dicho que se iba a la calle. Sí, a la calle. No van a ningún lado, se ponen en la calle a jugar a las cartas y ahí están hasta las tantas —contó otra amiga.

—No me extraña nada —dije yo—. Nosotros tuvimos un verano que nos lo pasamos yendo a una venta ilegal que se llamaba El Perejil, donde te hacían los espetos en las macetas del ayuntamiento y te daban de cenar hasta las mil.

Marbella, mi Marbella es de dama de noche, es nocturna y era flamenca. De vez en cuando le daba un jamacuco a algún turista, un golpe de calor, por hacer horario de turista e irse a La Concha a pasear a la solana, y avisaba a los demás: when in Rome do as the Romans… Sin embargo, y sin darnos cuenta, parece que nos han impuesto los bárbaros sus costumbres.

Hasta hay un belga, hostelero brillante, que tiene un bar restaurante que se pone hasta la bandera en julio y que lo cierra en agosto.

Menos mal que todavía quedan anfitriones de los de aquí de toda la vida, que convocan a las nueve y media en su casa para cenar. Lo que significa que te puedes meter en la ducha con el atardecer, secarte el pelo con la fresca, y llegar peinada y encantada casi a las nueve y cuarenta y cinco, que es en realidad cuando se te espera. 

Por aquí han pasado y pasan todo tipo de golfos, pero no han podido con Marbella ni podrán. 

Alex

P.D. – Este agosto, que acaba ya, ha sido muy raro. Puede que haya soplado más levante que poniente, porque el viento no me ha traído la música de las bandas que ensayan de noche para la feria, las romerías y las procesiones, ni el chundachunda de alguna fiesta, ni a Vivaldi en el altavoz de mi vecino. O puede que todo haya sido más mudo porque estamos muy pendientes de lo que está pasando ahora en Ceuta y con muchísima preocupación. Espero que este post ligero y un poco frívolo, alivie un poquito el ánimo del lector.

Y la banda sonora 👇🏻  Purple Rain de Prince, que era mi ídolo musical absoluto, y tuvo una casa aquí en Marbella y se paseaba con un descapotable rosa.