Ceuta vs la empatía suicida

Me acabo de comprar y descargar en mi Kindle los dos libros de Gad Saad: La mente parasitaria (2022) y Empatía suicida, editado en español hace unos pocos meses. En su primer ensayo, Saad, de origen libanés, criado y nacionalizado en Canadá, se pregunta cómo consigue una ideología que una persona deje de razonar críticamente y muestra por qué la empatía política puede conducir al colapso de la civilización; en el segundo, cómo puede una emoción moralmente positiva, como lo es la empatía, conseguir que una sociedad acepte decisiones que terminan perjudicándola, cuando comienza a ver la responsabilidad y la justicia como actos de crueldad.

Según la sinopsis de Amazon: “el autor presenta una crítica provocadora y fundamentada sobre una de las fuerzas más influyentes de nuestra cultura actual: la empatía mal orientada. Desde su experiencia en psicología evolutiva y ciencias del comportamiento, Saad explora cómo una compasión desadaptativa ha distorsionado nuestras prioridades morales y debilitado los pilares de la sociedad. Saad lo denomina ‘empatía suicida’: una forma de pensamiento que prioriza sentimientos sobre la verdad, a los delincuentes sobre las víctimas y la ideología sobre el sentido común. A través de un análisis agudo y ejemplos contundentes, el autor expone cómo esta inversión moral está influyendo en políticas públicas, normas sociales y debates culturales clave. El resultado es una sociedad cada vez más desconectada de principios esenciales como la responsabilidad, la justicia y la libertad. Empatía suicida no es solo un diagnóstico cultural, sino una llamada urgente a reflexionar antes de que las consecuencias sean irreversibles”.

Imagino que encontraré algún paralelismo en mi memoria oxidada con El idiota de Dostoievski (publicado originalmente por entregas entre 1868 y 1869)  que fue una lectura obligada en clase de literatura durante mi adolescencia y que debería releer (porque el ser humano no cambia, cambia su tecnología). 

Y es porque me quiero armar con argumentos. 

Para saber qué contestar cuando escuchas o lees cosas como que no hay que ir a manifestarse en apoyo a Ceuta porque habrá radicales infiltrados, o que los ceutíes que quieren echar a los invasores y se sientan para detener los camiones con el menú del día no tienen compasión, que por estar indignado contra la violencia que significa que invadan tu espacio te llamen violento, facha, mala persona, y más sandeces de este estilo.

Porque es muy difícil argumentar cuando lo que te están haciendo es luz de gas.

Y me gustaría hacerlo, intervenir en las redes, aportar algo desde aquí, razonar, sin acabar atrapada en la conversación circular, lo que antiguamente denominaban una conversación de besugos, y que básicamente se neutralizaba ‘evitando entrar al trapo’. O sea, volviendo siempre al centro de la cuestión. 

Para eso, y mientras me leo los libros, puedo tirar de manual anti-gaslight: centrarme en los hechos, detectar la falacia, no aceptar falsas premisas, no justificar mi calidad moral y volver siempre a la cuestión, por ejemplo usando algunas de estas respuestas:

-Puedo sentir empatía por alguien, comprender su desesperación, sentir compasión y a la vez reconocer que su conducta es ilegítima, y que por lo tanto debe ser desalojado y expulsado de nuestro país.

-Que me llames insolidaria/facha/mala persona no cambia que la conducta de los que entran ilegalmente sea ilegítima.

-Volvamos a los hechos.

Porque hablando se entiende la gente, eso decía el refrán, pero lo que ocurre es que se discute incluso sobre qué es real, o sobre las cualidades morales de quienes participan en el debate y entonces se deja de hablar de la cuestión en sí, lo que deriva en la inacción. Y esto realmente es lo que más me irrita.

¿Cómo se mantiene una conversación racional cuando a una cuestión sobre hechos, derechos, responsabilidades y límites se le cambia el nombre a las cosas, se minimiza la realidad y se transforma la conversación en juicio sobre quien la plantea? Al final uno desiste de decir o hacer nada. Y eso es lo que no puede ser. Ni será.

Alex

P.D.- La foto es de ayer en la manifestación en San Pedro de Alcántara, un pueblo pequeñito de Marbella, en apoyo a Ceuta, a nuestros compatriotas los ceutíes, que nos importan, por los que sentimos profunda admiración, empatía y por los que hemos exigido que se defienda Ceuta, se restituya su seguridad, que los ceutíes recuperen su espacio y su normalidad, que es su derecho. El gobierno está para eso. Gobierna para todos. Y claro que nos hemos manifestado en contra de un gobierno incapaz e incompetente, faltaría más.

Ceuta es España, Ceuta no está sola, Ceuta no se vende, Ceuta se defiende

Y la banda sonora 👇🏻 Ceuta es España 🇪🇸 | Canción de apoyo a Ceuta y su gente | Flamenco