Qué fácil es caer y volver a escribir por encargo.
Esta vez la petición es femenina, y no es de extrañar, ya que el tema solicitado es el mismo que titula el post: la intuición, facultad que se atribuye frecuentemente a las mujeres, apreciación que me parece un poco injusta. Mi comitente además me pide que confronte la intuición con la razón… No puedo. No puedo, no debo animar a nadie a tener que elegir. A mí lo que me parece es que lo que hay que intentar es afinarlas a ambas. Soy incapaz de plantearle a nadie que decida entre un sentido u otro —olfato vs tacto; vista vs oído; gusto vs… son impares—, si tienes la mala suerte de que alguno te falle pues no te quedará más remedio que intentar compensarlo con otro, pero de entrada, lo suyo es usarlos juntos, funcionando como un reloj. A la razón y a la intuición les pasa igual, hacen equipo.
La lógica te ayuda a tomar decisiones en función de la experiencia y la intuición, que también tira del registro de las experiencias, tiene la virtud adicional de poder imaginar posibilidades que no han sucedido todavía. La intuición es la apuesta que necesita la razón.
Los grandes avances, como los grandes amores, siempre nacen de una corazonada. Por eso no puedo confrontarlos y por eso tampoco me creo que la intuición sea más femenina que masculina.
A la hora de tomar una decisión uno empieza utilizando la lógica, pero debería acabar siguiendo su intuición —es lo que le recomiendo siempre a mis hijos, y a cualquiera que me pide consejo cuando duda; “¿qué te dice tu instinto? Sigue tu instinto”— porque la intuición tiene la facultad de que nunca te equivoques aunque te equivoques, ya que tu intuición es lo más tuyo que tienes. Te responsabiliza. Y cuando uno se hace responsable de sus actos, incluso equivocándose, se hace un poquito más sabio. La responsabilidad es lo que te lleva a rectificar. Somos un mecanismo sofisticado.
La intuición puede ser tremenda, revelarse a la primera; como cuando conoces a alguien que sin motivo alguno te cae mal y no le puedes ni mirar a la cara. Entonces, la razón se impone y trata de convencerte de que la animadversión te viene de algún mal recuerdo, de alguna asociación mental absurda, o vete tú a saber de dónde… o cuando, al revés, te enamoras, te da un flechazo por la persona menos compatible con tu vida. He aquí la confrontación que me ha pedido que describa mi amiga. (Perdóname, Laura). Llego al encargo un poco tarde. Pero, sí, efectivamente, cuando razón e intuición entran en conflicto ¿cuál de las dos ha de ganar? Esa era la cuestión que me encargó dilucidar.
A mí, tonta de mí, mi intuición me ha alertado en más de una ocasión, ¡cuidado con este! Me ha dicho con mi vocecita interna. Y la he ignorado con lógica, para acabar arrepintiéndome más adelante. Por eso soy gran defensora de la intuición; he aprendido la lección a base de hostias. En cambio, cuando ha acertado, que también me pasa, me ha hecho exclamar ¡lo sabía! ¡Lo sabía! Aunque del acierto no se aprende casi nada, pero hace mucha ilusión.
La razón, siendo una listilla, es la que hace el balance de los pros y los contras, pero también es muy cobarde. Yo prefiero que funcione como un colaborador. No le dejo a mi Pepito Grillo al mando de la operación. Lo subordino (siempre que no me acojono).
La vida es así de entretenida. Unas veces gana la razón y pierdes al amor de tu vida, otras veces gana la intuición y te tiras a la piscina sin salvavidas. El miedo hace de árbitro.
Alex
P.D. -En una ocasión alguien me dijo que cuanto más sabes menos riesgos tomas porque eres más consciente de las consecuencias, pero yo no creo que la intuición sea una facultad que sirve para compensar a la ignorancia, creo que más bien es una virtud propia de los valientes. La foto la hizo mi amiga Anabel (a la que le mando un beso muy fuerte) durante el pasado Arco. Salimos las dos formando parte de la obra. A ver qué tal andáis de intuición y adivináis quién de las dos soy yo.
Y la banda sonora 👇🏻 Maria Jimenez – Volver volver

Os leo 💋