Fe civil

Television studio debate stage with three podiums and multiple cameras

Se acercan las tres de la tarde y, lo reconozco, me apetece, encender la tele y ponerme a ver el telefollón. Estamos todos —casi todos, seguro que hay mucha gente que pasa— enganchados al sumario, a la declaración, a la citación. La cloaca es un culebrón. Si no fuera por la gravedad del asunto, la cosa sería hasta tronchante, tanto como Torrente, ficción completamente superada por la realidad. Es asombroso, escabroso, braguetero, chusco.

No tengo nada que aportar a la tertulia. Por mí, que siga. Dicen que todo esto solamente es la punta del iceberg, así que me parece muy bien que Sánchez se atrinchere en la Moncloa, porque cuanto más resiste, más se tira de la manta. Además están quedando todos muy bien retratados. Y aunque todos, o casi todos, lo sabíamos, lo de la corrupción me refiero, que es más viejo que la prostitución, y lo de los tejemanejes que nos hemos tragado, desde que hemos aceptando la idea de que los políticos tienen que ganar, aunque no se sabe muy para qué, porque nadie, o casi nadie se lee sus programas, y sinceramente las ideologías hoy en día son heredadas. Uno es de tal o tal, como si no serlo fuera a traicionar algo. Una postura que me parece de lo más conservadora. Yo me niego a ser algo o de algo, mucho menos de alguien, siempre he ambicionado ser libre, creo que eso es mucho más progresista. A mí las etiquetas conservador, progresista me dan igual, lo que quiero son políticas realizables —que lo de la utopía es para jóvenes y yo ya tengo más conchas que un galápago— que favorezcan a todos, a la sociedad en su conjunto. Las siglas me dan completamente igual. Considero la alternancia una necesidad, una cuestión de salud democrática; no se puede mantener a los mismos en el sillón, políticos de profesión, porque lo menos que puede pasar es que se les vaya la olla, se les suba a la cabeza, se empiecen a creer superiores, y dejen de trabajar para nosotros y se les ocurra corromperse naturalmente. Ni en el gobierno, ni en la oposición. Tampoco les pagamos para que se peleen por el quítate tú para ponerme yo les pagamos… —ruido, ruido— todos sabemos, o casi todos sabemos, para qué cobran.

De vez en cuando un tertuliano, en algún programa, lo recuerda y dice que echa de menos a políticos que hagan lo que se supone que tienen que hacer: representarnos, y defender nuestros intereses; el debate constructivo para hacer políticas y leyes que mejoren nuestras vidas; gobernar con un presupuesto, ¡coño! Que es nuestro dinero… que nos cuesta ganarlo y pagarlo, para el bien común… el bien común… El bien común es un concepto imposible para un narcisista. El otro, nosotros, la plebe, el pueblo no significa absolutamente nada para un narcisista. No cabe en su estructura mental nada que no se organice en torno a su yo. El narcisista es un ser muy elemental, pero capaz de montar un follón monumental.

El escándalo es grotesco y fascinante a la vez. No es nuevo. Es otra versión. Y francamente no hay solo un narcisista, el congreso actual, no sé si también el senado actual, parece una panda de narcisistas y de monos voladores —para el que no entienda del concepto psicológico, lo de los monos es lo mismo que ser pelotas, chupaculos…eso—, ¿no hay cuatro votos capaces, ya no de pensar en el bien común, en el ridículo y en la vergüenza ajena que producen? ¿Cuatro políticos con honor…? ¿Libres? Y consistentes. La inconsistencia es otra cosa muy de narcisistas; el narcisista es incapaz de cumplir una promesa. Eso también nos suena porque todos, o casi todos, hacen promesas en campaña que luego no cumplen; hoy en día al incumplimiento se le llama ‘cambiar de opinión’. Pero es que todos, y aquí sí: todos, han prometido o jurado cumplir la Constitución para luego jugar al ‘constitucional-anticonstitucional’… como si España fuera Barrio Sésamo. 

Otra cosa muy de narcisistas es no tenerle ningún miedo a las consecuencias, pero… —es irónico que un narcisista, que no respeta ni una sola regla, se ponga a regular, legislar, decretar…— teman o no las consecuencias, a cada cerdo le llega su San Martín. Es un consuelo.

No habrá cuatro hombres honorables en el congreso, pero sí que los hay en la calle. Son los héroes de nuestra historia, que pasará a la historia aunque me parezca un culebrón. Periodistas libres, jueces libres, fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado libres, personas libres que se manifiestan.

Y enchironarán a los malos. Tarde o temprano.

Alex

P.D. – La foto está generada con IA

Y la banda sonora 👇🏻 David Bowie – Heroes