En cuestión de olas de calor lo imposible es intentar navegarlas. No sé yo si algún día podremos comprarnos un cohete individual, para surfear por encima de los rascacielos o de las nubes, quién sabe si por encima de la atmósfera, en plan kayak, pero sin descapotar. Apegados a la realidad, tenemos que tirar de abanico, aire acondicionado, cine (a ver la nueva de Los Minions, que es muy divertida), fuente, con suerte piscina, a lo peor una sombra, cosas así.
Lo mejor es no salir a la intemperie. Permanecer dentro de un iglú es lo más sensato. Faute de mieux lo suyo es no dormir, pasarse la noche en vela, disfrutando con alevosía de la noche tórrida. Pero si a uno no le queda más remedio que seguir funcionando, entonces que madrugue. Que abra el ojo mucho antes del amanecer. Porque la cresta de la ola sube poco a poco y somos como ranas en una cazuela: cuando nos cuecen a fuego lento, casi ni nos enteramos hasta que caemos desmayados. Para impedir desmayos, evito a propósito mencionar achicharrados, o directamente fritos, hidrátense frecuentemente, con agua —el alcohol deshidrata; os ahorro el gintonic Saint Clair de hoy— y que esté del tiempo. Sí, el agua caliente rehidrata más rápido. Un té moro, por cierto, bien cargadito de hierbabuena, es también una buena opción.
No debe uno comer nada picante, ni enamorarse, por muy débil que sea la carne y la desnudez apetecible. Quedan, por lo tanto, prohibidos los estados febriles, las pasiones bajas o altas —da lo mismo—; quien tenga un amor, un amante, un amigo especial… que se aguante, ya llegará octubre. Ponerse a escalar un monte, hacer el guiri, saltarse la siesta, esto también se incluye en la prohibición.
Es imperativo llevar un panamá o un sombrero de paja, o una gorra de lona y gafas de sol.
Obviamente, nada de secarse el pelo con el secador, por Dios, no. Te lo secas al viento, o a la brisa, o a la ola de calor, y como dijo anoche una nueva amiga mía, te lo peinas a lo ‘recién follada’ (recién follado; a los chicos se aplica igual). Que aunque todo el mundo sepa que eso lo has dejado para octubre, o para las noches tórridas si no tienes que madrugar, vas a ir mucho más ideal.
Sé que estas instrucciones son de lo más difíciles, y que ponen un poquito de mala leche, sobre todo las que recuerdan a la cuaresma, pero hay que respetarlas si uno no quiere derretirse.
Tampoco conviene ni provocar ni entrar al trapo en discusiones; es buen momento para aprender a contar. Que a nadie le hierva la sangre, que le resbale todo, que se la sude.
Para superar el tedio, se pueden hacer litros de gazpacho, limonada y se permiten los helados. Ya está.
Alex
P.S. – Instrucciones que, por supuesto, yo no cumpliré. Gracias por la foto a Bruce St. Clair, que me pilla siempre en mis mejores descuidos.
Y la banda sonora – Peggy Lee – Fever 👇🏻
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Os leo 💋