Entretiempo

Estoy entrecuentos, entre qué ponerme para las bodas que tengo, entre escribir sobre el tema que me tiene ojiplática, o sea: el gobierno. El gobierno y Ceuta, el gobierno y la lista elaborada por el Ministerio del Interior al estilo Stasi, el gobierno haciendo constante luz de gas sin pizca de subjetividad… o hablar de ropa, como hacía Milena Busquets, a la que pensaba copiar, como el que no quiere la cosa, porque se había despedido de sus lectores en junio, y yo pensé que no volvería más, y me dije ‘pues voy a hablar de ropa yo, ya que de amantes no puedo’ —Milena centra su blog en esos dos temas, y me parece muy inteligente, porque son dos temas bastante inagotables—, pero ¡ha vuelto!

¿Y qué? 

Todo está contado. ‘Imagínate que los temas tuviesen copyright, tendríamos que poner una queja al departamento antimonopolio de ideas’, me digo, para justificarme; sí me justifico. Porque hoy hablaré, más bien escribiré, de trapos, en concreto de cómo ir vestida a una boda de entretiempo.

En mi opinión, con la invitación, los anfitriones deberían mandarte el protocolo claro, pero no siempre lo hacen; en ese caso lo que toca es interpretar, o llamar a quien te ha invitado, cuanto antes mejor, porque si pillas a esa persona después de haber atendido doscientas llamadas con la misma pregunta, lo más probable es que te despache con un ‘ven como quieras’.

Y realmente a una boda sin protocolo puedes ir como quieras, aunque si quieres ir más o menos bien, puedes guiarte con el protocolo general: de día, midi; de noche… Estuve debatiendo este asunto con una amiga que dice que de noche hay que ir de largo, que ese es el protocolo, que eso es lo chic, que es lo que está de moda, y yo, que tenía pocos argumentos, volvía siempre a lo mismo: lo mejor es preguntar a la madrina o a la novia. Porque a la última boda a la que fui, que era de noche, nos indicaron que de largo nada. Sin embargo, también he ido en plan alfombra roja a otra cumpliendo con lo indicado en la invitación. Además, el protocolo clásico dice que si las señoras van de largo, los hombres deberían llevar esmoquin —en realidad es al revés, al menos antes, lo que se indicaba era cómo tenían que ir los señores y tú te vestías según la etiqueta masculina— pero mi amiga insistía en que ya no era así, que largo para ellas y traje oscuro para ellos. Por lo menos nos tiramos media hora al teléfono dándole vueltas al asunto hasta que cedí. Acepté largo de noche como norma general mientras no te avisen de lo contrario.

A mí lo que realmente me importa es el tema del sombrero. Me encantan las bodas de día porque puedo llevarlo, y de noche, aunque se puede llevar un tocado pequeñito, un casquete, una diadema o un turbante, como me quedan fatal, me gustan menos. 

El quebradero de cabeza está en el entretiempo, porque de día hace calor, pero de noche hace frío. Toca dar la lata de nuevo y preguntar si la cena es dentro, bajo una carpa o fuera en el jardín, y según lo que te digan, entonces, el zapato es lo fundamental. No se puede ir con sandalia cuando la temperatura baja de veinticinco grados. Yo, no. Por muy de moda que se haya puesto ir en sandalias y sin medias en invierno. Es una moda de estrella de Hollywood y todo el mundo sabe que allí nunca hace frío. Antiguamente una mujer elegante no podía ir con la pierna desnuda a una celebración ni aun estando a treinta grados a la sombra, y no hablo de la prehistoria, sino de cuando todo esto de cargarse el protocolo empezó, allá por los noventa, norma (la de las piernas) que Meghan Markle pulverizó en el dos mil diecisiete cuando se presentó al anuncio de su compromiso con el príncipe Harry, ante la prensa, sin medias .

Por otro lado, si les da por cenar o dar el aperitivo en el césped, recomiendo unas cuñas o que te hagas con unos tapones de plástico para el tacón —aunque a mí no me gusten nada— para no quedarte clavada en la tierra. El año pasado me enteré de que el suelo iba a ser de albero y me fui rápidamente a por unos zapatos low cost, de charol, ideales, parecían unos Dior, comodísimos, y que no me importase tirar a la basura después. Pero aguantaron la boda y me los he puesto mil veces más; son una de mis mejores compras. A esta boda que tengo en septiembre ya he avisado que yo, si hace frío, voy con zapato cerrado y con medias. 

Ándeme yo caliente, ríase la gente.

Importantísimo ir cómoda, porque es mejor ir sencilla con attitude, que vestida como una mona y caminando como un pato porque te duele el zapato o acabar abrigada con el mantel.

Tengo preparados dos conjuntos, uno más veraniego por si justo cae el veranillo de San Miguel, con vestido largo y sandalia, que creo que no me pondré, porque soy bastante friolera, y otro más de otoño, con falda larga y manga larga.

En noviembre tengo otra boda de día y podré lucir un sombrero. La cuestión estará entre la capa, la estola y el abrigo.

Alex

P.D.- Creo que voy a comprar unas ramas de paniculata seca para hacerme un broche ahora y adornarme el sombrero este invierno. Es una flor pequeñita y delicada símbolo del amor incondicional que les deseo a los novios.

¡La foto es cómo me ve mi Gpt yendo a la boda! Quizás un día, en vez de asistir, podamos mandar a la versión IA de uno mismo… Yo encantada de que vaya en representación mía 🤪

 Y la banda sonora 👇🏻 Echo & The Bunnymen – The Killing Moon  que me parece muy romántica.