Votar o votar, esa es la cuestión

Cada cuatro años, más o menos, tenemos la oportunidad de dar nuestra opinión —incompleta, porque no creo que exista ningún partido político que aúne la opinión completa de nadie— sobre hacia dónde queremos que se enfoquen las decisiones, cambios y normas que nos afectarán a todos en cuestiones de gestión de lo común, de derechos y de obligaciones. No es trivial. Solo tenemos esa oportunidad de tanto en tanto. Si nos mienten, si no cumplen con el programa, si nos engañan, tenemos que pacientar hasta que por fin nos devuelven la voz y el voto. Me gustaría que existiera un mecanismo eficaz para poder exigir, nosotros, el pueblo soberano, la convocatoria de elecciones mediante la presentación de suficientes firmas cuando nos sentimos decepcionados o estafados, porque lo de salir a la calle a protestar, manifestarse, últimamente no nos sirve de nada. Y así la confianza en los que nos representan se ha ido perdiendo.

Aun así no queda otra, hay que votar, de lo contrario es lo mismo que dejar tu voluntad en manos de alguien a quien le puedes importar bien poco. Hasta en la política hay reciprocidad. Si pasas, pasan. Y mira que me cae mal Pedro J., pero él dijo (creo que fue uno de los primeros), y con mucha razón, algo parecido a que estas elecciones son particularmente importantes porque el debate ya no va de derechas e izquierdas, sino de restaurar la salud de lo democrático. Y es verdad, tanto es así que ya lo dice todo el mundo: esto no va de etiquetas, porque es más que evidente que el sistema se ha deteriorado hasta un punto realmente insoportable.

La corrupción se ha ido sofisticando; parece que va mutando con cada gobierno y mejorando su manera de funcionar, incluso de la manera más burda. Los casos se han sucedido con unos y con otros. Como si la corrupción diera igual. En esta última legislatura se han superado; que yo sepa hay unos diecisiete casos más que sumar a la historia de nuestra democracia: Plus Ultra, Tito Berni, caso Koldo, Mascarillas, Barrabés, Air Europa, Hidrocarburos, las Cloacas, Begoña, David Sánchez, FISCALÍA, los joyones de ZP, etc. Menos mal que los españoles tenemos el mejor humor del mundo y nos hemos reído, yo a carcajadas, con la fotito del de la ceja cargadito de zafiros. Me he reído, sí, pero por no llorar.

El sistema no corrompe, está corrupto, de tal forma que ha permitido que accedan y gobiernen personas cada vez con menor preparación, incompetentes, de muy dudosa moral, por no decir otra cosa, flagrantemente hipócritas y que lo han contaminado todo.

Votamos cada cuatro años y durante ese tiempo el daño es brutal. Encima les sobra tiempo, porque está visto que en cuatro días han pretendido hacer lo que no han hecho en ocho años y hasta han limpiado las playas de Ceuta en un plis plas, escondiendo el polvo bajo la alfombra, eso sí, en este caso por los montes de la ciudad autónoma y por ahí. Que en realidad es lo mismo que no solucionar nada. Otro clásico al que nos han acostumbrado. No hacer prácticamente nada e ir cambiando el foco, de la Dana al apagón, del apagón a Adamuz, de la invasión a la vivienda, y así; un clavo quita otro clavo.

En cualquier caso, la desfachatez nunca ha sido tan descarada como en esta pasada legislatura. Y tan braguetera, mafiosa y peligrosa. Si hasta ¡se han querido, presuntamente, fulminar a una jueza! 

Si el sistema tenía límites, parece que ya cada vez le quedan menos.

Por eso a mí me da la impresión de que votar es casi como un acto de fe, no un mandato. Que nuestros votos son papeletas, números, cromos, matemática. Esto de la matemática, si no me equivoco, se lo atribuyó Iván Redondo, el exasesor de Sánchez, con mucho orgullo y satisfacción; un tipo que me da repelús. Que nuestro voto no es nuestra voz, es un número, incluso de alguien que no ha pisado España en su vida (no sé si cuando este post se publique el Tribunal Supremo cambie este dato). Que somos cromos que se intercambian y se venden hasta que dan los números y la matemática. A mí me parece una aberración; una distorsión. No soy un cromo.

Así está la cosa, y sin embargo, y por eso, son efectivamente las elecciones más importantes de la democracia porque ¡ya está bien! Y votar es la única forma que tenemos pacífica de exigir salud democrática; algo que no se tenía que haber perdido nunca.

Necesitamos hombres honestos, con honor, y preparados, que entren en un sistema corrupto, perfeccionadamente corrupto durante décadas, y que obtengan la mayoría absoluta necesaria para sanar el sistema.

Votar o votar…

¡Feliz campaña!

Alex


P.D.1. –Separación de poderes, mecanismos institucionales de control al poder, alternancia política; ¡qué menos! Hay que resucitar a Montesquieu.

P.D.2. – Sobre le control del poder y la alternancia, COPIO Y PEGO de la IA: En Suiza, por ejemplo, la presidencia rota cada año y en varios cantones existe el derecho de revocación (Abberufungsrecht). Permite que los ciudadanos impulsen, mediante firmas y una posterior votación popular, la destitución anticipada del Parlamento o del Gobierno cantonal y la celebración de nuevas elecciones. Es un mecanismo excepcional y raramente utilizado, pero es preventivo. La importancia del derecho de revocación no reside únicamente en que los ciudadanos puedan destituir anticipadamente a sus representantes, sino en que los gobernantes sepan que existe esa posibilidad. Aunque nunca llegue a utilizarse, su existencia puede funcionar como un mecanismo de disuasión frente a los abusos de poder, los incumplimientos y la pérdida de confianza ciudadana.

P.D. 3 – Siguiendo con el derecho comparado, COPIO Y PEGO de la IA: En Europa, tener la nacionalidad no siempre garantiza poder votar desde el extranjero. Varios países se lo limitan a quien vive fuera. Alemania exige haber residido al menos tres meses seguidos en el país después de los 14 años y que no hayan pasado más de 25 desde la marcha. Dinamarca lo retira a quien fija su residencia en el extranjero, salvo excepciones como estudiar o trabajar fuera temporalmente o tener intención de volver en dos años. Irlanda solo deja votar desde fuera a diplomáticos y militares, y quien emigra únicamente puede seguir inscrito durante un tiempo limitado si piensa regresar. También existen diferencias respecto a los condenados a prisión. Francia, Alemania, Italia, Bélgica o Grecia, contemplan restricciones vinculadas a determinadas condenas. El Reino Unido mantiene una prohibición general para los presos condenados en las elecciones generales, aunque existen excepciones.

La foto la he generado con mi GPT. Y la banda sonora 👇🏻 George Michael – Faith