Pantone, que es como el diccionario del color, presenta cada año el color del año —perdón por la redundancia es inevitable— y sirve para inspirar a creativos de diferentes disciplinas de todo el mundo. Es muy útil. Cada color viene con una referencia numérica que se usa para poderse traducir a otros idiomas del color, como por ejemplo a RGB, que es el lenguaje de las pantallas, o CMYK, el de la impresión, y además, viene con nombre propio, para humanos. El color Pantone de 2026 se llama Cloud Dancer, que he traducido como Nefelibata, porque el adjetivo, que proviene del griego y encima no tiene género, significa: ‘el que anda por las nubes’. Tendría que bailar, pero qué le vamos a hacer, me ha parecido mucho mejor poder decir que es de color blanco nefelibata que blanco bailarín de nubes o peor: blanco por las nubes.
Se trata de un blanco roto tirando a tiza muy luminoso y distraído. Perfecto para el verano y para describir paredes, lienzos y velámenes.
Esta mañana ha amanecido el cielo blanco nefelibata, bochornoso, sí, lo que viene siendo: bochorno. Sin quererlo Pantone ha acertado en cuanto al zeitgeist de nuestro año. Su intención era crear, cito: “un blanco sublime que sirve como símbolo de influencia calmante en una sociedad que redescubre el valor de la reflexión calmada” —qué ironía— porque a mí me parece que el nefelibata lo que simboliza es el bochorno que soportamos de un lado y de otro.
Cuando era pequeña los días de bochorno me parecían insoportables; me pesaban y me daban migrañas. Me parecía que el cielo se me iba a desplomar sobre la cabeza; un miedo infantil, medieval y apocalíptico. Pero a fuerza de soportar bochornos, a la vista está de que no pasa nada, ya no me afectan. Se acaba acostumbrando uno a todo.
Y es que, tarde o temprano, el sol quemará con sus rayos la capa lechosa de la atmósfera, aligerará el peso que soporta Atlas y todos, y si no es a mediodía será mañana, volverán los azules pálidos y los intensos, los grises con su chirimiri y sus borrascas, los cumulonimbos algodonosos y los cirros helados.
Es tentador. Esperar a que el sol, otro, se ocupe es tentador.
Hace unos días me preguntaron: “¿tú qué harías?”, en referencia a lo político.
Respondí lo que me parecía y entonces me dijeron: “eso es imposible”.
“Pues nada… pero me has preguntado qué haría yo”.
Puede que mi interlocutor viva en la impotencia aprendida, como Rita Maestre que, durante la presentación del libro de Fernando Jáuregui Quemados (de paso, os lo recomiendo), dijo que no tenía ilusión, ni la había tenido nunca, por nada (entiendo que se refería al futuro y no a la nada genérica) —me chocó; no sé cómo entonces se propone liderar algo—, o puede que ‘lo imposible’ les sirva a algunos de coartada para no imaginar alternativas; qué sé yo.
Sin embargo, cuando el relato de lo imposible convence y uno se cree que haga lo que haga no podrá cambiar nada o que no tiene control sobre su propia vida, inevitablemente, se vuelve pasivo, pierde la ilusión, la motivación y se resigna. En realidad acaba siendo víctima del relato, de un pesimismo contagioso, a lo peor de una técnica de manipulación, pero no de la realidad en sí. Lo que suele desembocar en depresión, ansiedad y baja autoestima, porque somos humanos, y nosotros estamos programados para tener objetivos, desafíos, ilusiones y para levantarnos cuando nos caemos.
‘Es imposible’ es una maldición que esclaviza. Un maldito relato. Y es mentira. No fue imposible navegar, volar, votar. Nada es imposible.
La vida siempre ha sido difícil. Díselo al cazador de la caverna, al que cruzó el océano, al que superó una guerra y una posguerra; a los jóvenes y no tan jóvenes voluntarios y a los profesionales, juntos, saliendo a quitar barro con palas y apagar fuegos con ramas; a todos los que creen que nada es imposible.
He sacado el Pantone y lo he colocado frente al cielo, para asegurarme de que eran iguales, y lo he comprobado: hoy, el cielo está nefelibata, pero mañana amanecerá azul.
Alex
P.D.1.- Recuerda comprar Producto local, para recuperar la vida rural, pastoreo, ganadería, agricultura, etc. Dejar el campo vacío tiene un coste impagable, no solo económico, sino en forma de incendios incontrolables. Todos podemos ser agentes de cambio.
P.D.2- El nefelibata pega con colores pasteles y polvorosos. Aquí os dejo la paleta que propone Pantone para vuestra inspiración.
P.D.3- Nefelibata: adj. Dicho de una persona: Soñadora, que no se apercibe de la realidad.
P.D.4- Este es el post número 100 que publico. ¡Enhorabuena a mí! ¡Gracias a todos los que me leéis! ¡Va por vosotros! 🫶🏻 Y no dejéis de compartir mis posts 😘

Y la banda sonora 👇🏻 que es de otro fantástico Jáuregui con su grupo Betamotion – Domesticated

Os leo 💋